Por Luis Alejandro Rizzi.-

El presente argentino se debate entre dos proyectos fracasados, vistos en perspectiva histórica: el de la generación del 80 (1880) y el peronismo.

El proyecto de Milei

Se conoció la posibilidad de que el gobierno de Trump financie programas de energía y minería e infraestructura para transportar los “commodities” hacia los puertos de salida, lo que nos haría retroceder a los fines del siglo XIX y principios del XX, cuando el Reino Unido -Inglaterra- financió su abastecimiento de materias primas. Sabemos que así se generó una “oligarquía” que residía en París, una burguesía local que generó una clase media que fue protagonista de la política, de 1916 a 1945, que marginó a un segmento social que luego se llamó “las cabecitas negras·”, un modo de subestimar la pobreza social.

Sabemos que ese “proyecto” fracasó y dio origen al fenómeno “peronista”.

El General Perón vio en ese segmento social un caudal importante para ganar elecciones, reivindicatorio de la “marginalidad social”, al que logró satisfacer distribuyendo la “riqueza acumulada” y luego recurriendo a la emisión descontrolada, para que esa realidad se convirtiera en ficción.

El proyecto peronista

El peronismo político-económico se sustentó en la emisión, lo que permitió mantener la ficción de los bolsillos con “plata”, creando una versión sofística de la riqueza que se sustentaba en el valor nominal del dinero por sobre su valor real.

El proyecto alternativo -peronista- es el “setentista”, que supo configurar doctrinariamente el “kirchnerismo”. Consiste en la intervención casi absoluta del estado en el funcionamiento de la economía, regulando hasta el mínimo consumo.

No entro en el clima de corrupción que generó el sistema, sino que lo importante es destacar el fracaso de ese sistema intervencionista, que terminó en el extremo libertario de Javier Milei, que interpretó el momento social de rebeldía total, que llamó “anarco capitalismo”, equivalente a lo que Rosanvallon definió como la “contrademocracia”.

En definitiva, Milei fue el capataz de “la rebelión de las masas” de Ortega.

Es el tiempo de la vulgaridad, la arbitrariedad y el menosprecio institucional.

En definitiva, una concepción mafiosa de la política, según la tercera acepción que la real academia le da a la palabra “mafia”.

Es obvio que, desde la mediocridad cultural, el gobierno nos invita a retroceder unos 130 años, a la época del imperialismo inglés que culminaría con el Pacto “Roca-Runcinam” de mayo de 1933.

Con Milei sería al revés, el pacto “Milei-Trump” sería el comienzo de aquella vieja época.

Con el peronismo, se nos invita a retroceder a los setenta y al kirchnerismo.

La política argentina es víctima de su nostalgia tanguera, el dolor de ilusiones fracasadas.

Una vez más tropezamos con la historia.

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