Por Carlos Tórtora.-

La compleja situación de Patricia Bullrich en el gobierno estaría llegando a su punto límite. Cuatro hechos ocurridos en los últimos días convergen en este sentido. Para empezar, luego de su reunión de dos horas y media en Olivos con Javier Milei, la senadora enmudeció y no se escucharon más sus habituales críticas al gobierno. Segundo, La Cámpora, encuesta de Atlas-Intel que le da a Bullrich un incremento de 7 puntos de su imagen negativa – que ahora llegaría a 58%- impactó en el mundo político.

Tercero: el gobierno echó a rodar – inteligentemente- que ella aceptaría finalmente ser compañera de fórmula de Milei el año que viene. Con esta maniobra, los Milei intentarían poner en evidencia que la senadora, aunque simule su rebeldía, en realidad está maniobrando para quedarse junto al presidente.

Cuarto: con mayor claridad que antes, Karina Milei dejó a Bullrich totalmente fuera de la negociación de la reforma electoral en el Congreso. Esto confirma que en la Casa Rosada se la considera altamente sospechosa de querer sabotear a Milei impidiendo que sean suspendidas las PASO.

La situación se presenta como sumamente incierta pero lo que se va afirmando es la impresión de que llegó a su fin el doble juego de Bullrich de ser a la vez oficialista y opositora, mientras crecía en las encuestas. Esta línea de acción parece ahora agotada. Ante el riesgo de perder mucha credibilidad, ella debería optar entre alinearse con los Milei o candidatearse a presidenta.

En la cornisa

Como se presentan hoy las cosas, la senadora se enfrenta al riesgo de quedarse sin el pan y sin la torta. Si su caída en las encuestas se acentúa, cada vez sería menos competitiva como candidata a presidenta. Y encima los Milei la castigarían duramente. Pero si rompe con el presidente debería contar rápidamente con una estructura política nacional que le dé sustento a su candidatura, porque si no también se debilitaría. Ayer ya trascendió que los radicales se preparan para recibirla.

La alternativa de la vicepresidencia significa para Bullrich el riesgo de quedarse cuatro años encerrada en el Senado, igual o peor que Victoria Villarruel. No habría en principio ninguna razón política valedera para inmolarse como vicepresidenta en el final de su carrera política. No obstante ello, no es una opción que pueda descartarse.

La definición de Bullrich, sea cual fuere, es el dato más importante que falta para ordenar el arco electoral. Todos los candidatos a presidente outsiders ya fueron bajados por las encuestas. Esto es, Daniel Hadad, Jorge Brito y Dante Gebel.

En la cúpula del PJ hay ansiedad por lo que Bullrich decida. Sin duda alguna, por su ubicuidad y su pasado peronista, Bullrich sería una rival más difícil que Milei, porque podría llegar a captar el voto de una franja de peronistas de derecha.

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