Por Carlos Tórtora.-

En medio de un contexto internacional sumamente revuelto, la realidad va imponiendo sus resultados en la crisis local. En el último mes y medio, Javier Milei protagonizó dos intentos de minimizar la crisis económica imponiendo en la agenda pública otras cuestiones. Primero fue la frustrada malvinización, hoy ya medio abandonada por el Gobierno. Y segundo fue el triunfo provisorio de Flavio Bolsonaro. Pero ninguno de los dos intentos dio resultado. Sólo cuentan los números de la caída de la economía. Pero el calendario nos recuerda que algo está cambiando. Falta exactamente un año para las elecciones presidenciales y a partir de ahora sólo cuenta la decisión que surgirá de los votos: la continuidad o la corrección de un modelo de país que está reduciendo la clase media a una mínima expresión.

A partir de ahora, la economía cede su primer plano a la política, porque ya casi todos los que influyen en los mercados están postergando sus decisiones para después de las elecciones.

Los ampulosos viajes de Milei y Luis Caputo, por ejemplo, recientemente a Nueva York y París, anunciando inversiones por miles de millones de dólares no son otra cosa que decorados de utilería. Milei inicia esta semana el viaje 19 de su gestión a los EEUU, pero ahora su prioridad sería saber si Scott Bessent está dispuesto a otro salvataje financiero, como el que le permitió al gobierno ganar las elecciones legislativas de octubre del 2025.

Donde manda Karina

A partir de ahora, entonces, lo que pesará es el Milei político, porque la batalla se dará en este terreno. Lo paradójico es que el presidente no es el que ejecuta la política del gobierno sino Karina. Como bien dice la diputada Marcela Pagano: «Milei tiene la banda y el micrófono, pero la que manda es Karina».

Los Milei decidieron instalar hace una semana un clima de inestabilidad para Luis Caputo, a través de la promoción del economista Alberto Ades, que propone una devaluación. De este modo se instaló la idea de que el cambio de equipo es probable, sobre todo ahora que Caputo y Santiago Bausili están denunciados por una extraña tumba en la cual el BCRA perdió 1000 millones, pero no queda claro quién los ganó.

Es en el plano político interno donde los Milei están fracasando seriamente. En diciembre se agotará el plazo para que el Congreso sancione la suspensión de las PASO y tanto los gobernadores, como la UCR y el PRO, siguen esquivando su compromiso con el gobierno.

Esta crisis se llama desconfianza. Los gobernadores están convencidos de que, si suspenden las PASO y entonces el PJ entra en crisis y la reelección de Milei se fortalece, el gobierno impulsará candidatos a gobernadores propios en casi todas las provincias. Los mandatarios provinciales podrían entonces perder el poder. Diego Santilli se abraza a los gobernadores y les promete que no serán molestados, Pero mientras tanto, los Menem hacen lo contrario: impulsan para gobernadores de Tucumán y Mendoza a Lisandro Catalán y Luis Petri. Sin un mínimo de confianza no hay acuerdo posible y la suspensión de las PASO se encamina al fracaso.

Otro caso de fracaso de Karina es el de la Capital. Al caer Manuel Adorni, ella debió conseguir un candidato a jefe de gobierno capaz de competir con Jorge Macri. Pero no lo hizo. Patricia Bullrich nunca fue candidata y a Pilar Ramírez le queda grande.

Conclusión: Jorge Macri se publicitó con la ley y el orden y ahora que mide bien le impone condiciones a la Casa Rosada.

Un último ejemplo de fracasos políticos es Patricia Bullrich. La senadora viene desafiando permanentemente a los Milei con sus críticas al gobierno y gracias a esto va primera en las encuestas. Ante esto, el presidente no sabe qué hacer y así se debilita cada vez más. Hoy por hoy, se diría que Bullrich controla la situación mientras que los Milei aparecen desorientados.

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