Por Juan José de Guzmán.-

A raíz de haber tenido el infortunio de perder al amor de mi vida el 11 de febrero pasado, tuve turno para realizar los trámites administrativos en la UDAI de Cabildo al 3100.

La atención allí fue puntual y muy correcta, al punto tal que, al retirarme, solicité el “Libro de Informes” (que muchos utilizan para asentar sus quejas) para dejar asentado allí mi agradecimiento por el cálido trato recibido.

En el mientras tanto, en medio de la angustia que me acompaña tras el fallecimiento de mi querida Mirta, recibí la noticia que hace ya 15 años espero (el “tiro para el lado de la justicia”).

Mi abogada patrocinante me informó de la aprobación de la última liquidación presentada para el reajuste de mis haberes.

La Jueza actuante (Dra. Saino) explicaba en su fallo, una por una, las razones por las cuales rechazaba las impugnaciones de la parte demandada a la vez que ratificaba que nuestra liquidación se ajustaba a los parámetros requeridos para ser aceptada.

Pero… para la oficina de Legales de ANSES siempre habrá un pero y en el tiempo otorgado para apelar, lo hizo y con ello mi ilusión se desvaneció, el festejo quedó en la nada.

Aclaro que desde el 2023 soy paciente oncológico (y la ANSES lo sabe), que además, los próximos días me convertiré en octogenario.

Me pregunto y le pregunto a la Dra. Sragowitz, “¿se puede ser más cruel?”

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