Por Luis Alejandro Rizzi.-

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa…” Carlos Marx.

De algún modo, Milei resolvió bien el caso “Espert”, lo bajó de la lista de candidatos a diputados para las elecciones del 26 de octubre pasado y le salió bien.

Para Milei, lo de Espert fue una tragedia, pero la asimiló, atravesando en poco tiempo las cinco etapas del duelo, hasta que finalmente aceptó el hecho y lo bajó.

Unos meses después, muy pocos, ocurrió lo de “Adorni”, no comparable con lo de Espert en su gravedad, pero sí en su contenido, con perfil de “farsa”, ya que el sainete empezó por minucias, pero esta vez Milei decidió sostenerlo. No pudo seguir el proceso del “duelo” y quedó atrapado entre la “negación” y la “ira”.

Este hecho tiene una paradoja, moral y políticamente. Los hechos son idénticos. Más allá de cómo los califiquen los jueces intervinientes, fueron hechos inmorales, impropios de un gobierno que pretende ser “moral” y que además elevó la vara de ponderación.

Sin embardo, para bajar a Espert, Milei se sintió fuerte, pero se sintió débil para bajar a Adorni y éste demostró un asqueroso nivel de obsecuencia dañosa, al no presentar su renuncia. Hoy es un “adefesio” del gobierno.

La tragedia genera empatía; Milei ganó, la farsa, rechazo; Milei pierde en apoyo e incrementa el nivel de su imagen negativa.

La gente ahora lo podría comenzar a ver como farsante, sería el comienzo de su fin político.

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