Por Carlos Tórtora.-

En la interminable pulseada entre los Kirchner y Axel Kicillof van surgiendo nuevos matices. Respondiendo al clamor unánime de los intendentes del conurbano, el gobernador se puso a la cabeza del adelantamiento de las elecciones provinciales probablemente a mayo o junio y de una reforma legal que rehabilite la reelección indefinida de los intendentes. Para lo primero, alcanza con un decreto del gobernador. Kicillof se plantea entonces una estrategia sencilla. Ponerse a la cabeza del triunfo peronista en la elección provincial y subirse entonces a la ola triunfalista que lo depositaría en la Casa Rosada en la elección nacional de octubre.

En este contexto, el cristinismo, también presionado por los intendentes, estaría próximo a aceptar el adelantamiento dejando de lado las críticas que hiciera al desdoblamiento electoral del 2025, que llevó al triunfo justicialista del 7 de septiembre. Y en este punto es donde empiezan a gravitar los matices. El círculo íntimo de Kicillof que sustenta su candidatura presidencial estaría esbozando el siguiente esquema: las elecciones provinciales deberían celebrarse una vez que ya esté oficializada para las PASO nacionales la candidatura presidencial de aquél. De ese modo, pase lo que pase en la elección provincial, Kicillof igual ya sería precandidato, o sea que no habría marcha atrás.

Un camino lleno de trampas

Pero La Cámpora vería otra jugada, la de presionar a Kicillof a que separe aún más las elecciones provinciales de las nacionales, llevando las primeras por ejemplo a mayo. De ser así, habría tiempo para montar después una candidatura presidencial alternativa a la del gobernador -¿Sergio Massa?- y ni que hablar de lo que pasaría si el PJ pierde la gobernación. En principio, el riesgo para Kicillof sería bajo, porque la convocatoria a elecciones sería por decreto y llevaría su firma.

El otro riesgo importante es considerablemente más grave: si Milei consigue que el Congreso suprima las PASO nacionales, las candidaturas presidenciales recién se oficializarían en septiembre. Es decir que cualquiera sea la fecha del adelantamiento de los comicios provinciales, entre ésta y la oficialización de las candidaturas nacionales habría varios meses en los cuales La Cámpora podría tratar de desplazar a Kicillof o, en última instancia, condicionarlo fuertemente.

Este juego de posibilidades convertiría al cristinismo en aliado de LLA para suprimir las PASO y a su vez colocaría al axelismo como defensor de las mismas.

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