Por Luis Américo Illuminati.-
He leído en una página digital llamada «Portal Noticias Argentinas» que dice que denunciaron a Milei por Traición a la Patria por haberle manifestado a «The Telegraph» que el territorio de Malvinas “sólo debería regresar a la Argentina cuando los isleños así lo deseen”. El CECIM La Plata lo denunció penalmente por “violar los deberes de funcionario público” tras «avalar, en un medio británico, una visión colonial sobre Malvinas.» Termina el articulo con estas palabras: «No es un «exabrupto»: es doctrina. Es la entrega explícita de la Soberanía Nacional, es renunciar al mandato constitucional, desconocer el reclamo histórico y legitimar la ocupación extranjera.» Para los excombatientes, no hay ambigüedad: “negociar desde la claudicación es traicionar”.
En primer lugar, no coincido en absoluto con esas declaraciones de Milei. Pero no se confundan -yo también soy malvinero y soy familia de los VGM- ya que esas declaraciones en modo alguno constituyen el delito de «traición a la patria» como incurrieron Cristina Kirchner con el acuerdo con Irán y Carlos Saúl Menem con el infame tráfico de armas. En segundo lugar, las palabras reproducidas por dicha página digital me parecen sumamente exageradas, propias de un nacionalismo solipsista. Porque yo pregunto. ¿Qué hacemos entonces con todos los argentinos que nunca estuvieron de acuerdo con la toma de Malvinas y con la idea de que dichas islas ya no nos pertenecen? ¿Los cancelamos y los declaramos anti argentinos, reos de lesa patria y les quitamos la nacionalidad? ¿Proclamaremos y decretaremos malvineros y patriotas a un sector y vendepatrias al sector contrario? La causa de Malvinas no debe ser bajo ningún motivo piedra de toque de más desencuentros y más odios de los que ya hay en la Argentina desde 1973 a la fecha. Milei -guste o no- representa ese amplio sector que no está de acuerdo con seguir con la vieja disputa por las islas Malvinas. Y hay que respetar a esa parte de la sociedad y no por eso hay que apostrofar a todo aquel argentino que no esté de acuerdo. Es el juego y reglas de la democracia. Hay que salir del laberinto donde en realidad no hay ningún Minotauro. Si todos nos apaciguamos, sobre todo los de ánimos exaltados, existe un camino en el horizonte que puede llevarnos a un acuerdo. Y es la teoría de meseta entre las dos montañas y el rizoma, como una nueva visión para tratar los conflictos entre los individuos y las naciones, con la misión y el objetivo de que la sangre no llegue al río. Veamos.
He estado hojeando algunas páginas de un ensayo de Gilles Deleuze -en colaboración con el psicoanalista Félix Guattari- «Mil Mesetas: Capitalismo y Esquizofrenia» (1980) y, por asociación de ideas o interconectividad o connotación me ha llevado a extraer la idea de la meseta y el rizoma. Lo demás, con un amplio margen se puede discutir sin estar necesariamente de acuerdo con todo el contenido de la obra. Siguiendo esta línea de pensamiento creo que en las diferentes etapas de nuestra existencia terrestre, vivimos entre dos montañas. La primera montaña ha
sido escalada cuando nacemos y crecemos, con dificultades y tropiezos, aciertos y errores, éxitos y fracasos. Luego viene la meseta, ya sea tanto para el individuo como para el pueblo colectivamente. Recorrida la extensión de la meseta de punta a punta queda como último paso trepar la segunda montaña, sobre la cual no sabemos que nos depara el destino, ignoramos si lograremos ascenderla o nos quedaremos a mitad de camino. De todos modos, no importa si no alcanzamos la cima, que puede ser el Aconcagua, el Ararat, el Everest o el Sinaí o la recuperación de las islas Malvinas. Lo importante es tomar conciencia que, si en el pasado ellas fueron invadidas, ocupadas y recuperadas por un bando o el otro, se debe hallar un camino para una solución pacífica, que podría ser tentativamente el dominio compartido o el condominio de las islas con el Reino Unido. Y si hubo una guerra donde Argentina defendió valerosamente la ocupación, donde hubo caídos en ambos bandos, mayor razón para tratar de hallar una salida del oscuro laberinto del Minotauro. Busquemos una solución pacífica. Pues somos seres racionales y no bestias. Mi padre (militar retirado de la FAA) y el ex senador Dr. Héctor Sandler -ambos ya fallecidos- en 2011/2012 elaboraron un proyecto para el dominio compartido o condominio de la República Argentina y el Reino Unido sobre de las Islas Malvinas.
«Mil Mesetas» es un libro donde los autores exploran el pensamiento rizomático y critican las estructuras rígidas. Mientras que el primer volumen, El Anti-Edipo (1972), fue una crítica a los usos contemporáneos del psicoanálisis y el marxismo, Mil Mesetas se desarrolló como una obra filosófica experimental que abarca una gama mucho más amplia de temas, sirviendo como un «ejercicio positivo» en lo que Deleuze y Guattari denominan pensamiento rizomático y nómada. En suma, Mil Mesetas aborda temas como el cuerpo sin órganos, el plano de inmanencia, las máquinas abstractas, el devenir, las líneas de fuga, los ensamblajes, el espacio liso y estriado, los aparatos estatales, la facialidad, la performatividad en el lenguaje, las estructuras del lenguaje, la desterritorialización y la reterritorialización, la arborescencia, la pragmática, etc.
El pensamiento rizomático de Deleuze y Guattari es un modelo de conocimiento no lineal, descentralizado, inspirado en el rizoma botánico (como una papa o un jengibre) que crece horizontalmente, conectando múltiples puntos sin un centro o raíz única, a diferencia de la estructura del árbol. Este concepto critica las formas tradicionales del pensamiento arborescente, con la finalidad de promover una multiplicidad de conexiones, entre ideas heterogéneas, permitiendo la adaptabilidad y el cambio constante en lugar de la rigidez y el aislamiento que siempre terminan en un solipsismo.
Fundamentalmente lo que yo rescato desde mi punto de vista de «Mil Mesetas» no es su contraste u oposición con el pensamiento platónico-aristotélico-tomista, sino que mi adhesión va en contra del «pensamiento único», con lo estrictamente dogmático, en esos puntos adhiero. En síntesis, el pensamiento rizomático para mí tiene que ser una amable invitación a pensar de forma abierta, conectando lo diverso y múltiple, es un elevarse por encima de la razón constituida, tal como existe en el medio y en la época en que se vive y modificarla en nombre y en el sentido de la razón constituyente. Una suerte de eclecticismo positivo, descartando las distorsiones, aberraciones y espejismos deletéreos, rompiendo con las estructuras mentales fijas y abrazando el flujo constante de la realidad, como un sistema que se adapta y transforma continuamente.
Desde mi punto de vista el pensamiento como rizoma es una filosofía de entrelazamiento y entrecruzamiento, con el fin loable de establecer un diálogo tranquilo y sereno entre lenguas que no se dominan, sino que se comunican como vasos comunicantes. Una mentalidad nueva, renovada, apaciguada. Pensar como rizoma es abrirse a lo diferente. El objetivo es neutralizar la estéril lucha de «lo otro contra lo mismo». La meseta entre dos montañas es una metáfora que simboliza un período de estabilidad, descanso o estancamiento entre grandes desafíos (las montañas), representando la vida como un viaje con cimas (logros) y valles (dificultades), donde la meseta es un respiro (o un paréntesis o una tregua) para recuperar fuerzas, ganar perspectiva. La paz y el desarrollo de la sociedad con miras a un auténtico progreso (buen entendimiento y equilibrio) se detiene si no se busca activamente la siguiente cumbre, enfocando la atención en los valores espirituales más que en la meta externa.
La meseta implica descanso y reflexión, un lugar para recuperar el aliento, para evaluar el camino recorrido y prepararse para el siguiente ascenso. Implica también estabilidad y abundancia, en contraste con los picos y valles, una meseta puede ser un espacio de florecimiento y fortaleza, un entorno estable. Implica un límite y un desafío personal.
Desde la meseta, se puede observar mejor el camino recorrido y el que falta, ganando claridad sobre los propios valores y metas. Implica una transición, un momento de pausa entre dos grandes etapas de vida o proyectos vitales. El individuo se enfrenta a sí mismo, descubriendo si su satisfacción está en el destino (la cima) o en el proceso de escalar (la vida misma). El camino de meseta es una elección; uno decide si permanece estancado o busca activamente seguir ascendiendo.
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