Por Luis Orea Campos.-

Lentamente la sombra de Dante Gebel, el predicador de la esperanza, se va proyectando sobre el escenario electoral de 2027 para intranquilidad de los seguidores del experimento mileísta, cuyos daños colaterales se empiezan a hacer sentir cada vez con más intensidad.

El avance de la pobreza, derivado del desempleo y de la caída de la actividad, están golpeando fuertemente a los estratos medios y bajos de la sociedad -mas allá de las declaraciones rimbombantes de los voceros del gobierno- preanunciando dos años de zozobra que puede desgastarlo hasta niveles incompatibles con la posibilidad de reelección.

En ese marco, la aparición de Gebel como aspirante a ocupar el sillón de Rivadavia arranca con perspectivas favorables ya que, tal como pasó con Macri, el enojo social, ante el deterioro de la economía, busca alternativas que prometan aliviar las penurias aunque luego cunda el desencanto.

En efecto, difícilmente un improvisado como el panelista y su armada Brancaleone puedan remontar el frente complicado que presenta la situación política no sólo en este país sino en el mundo con la tormenta tropical desatada en el planeta por un lunático al que Milei ató su suerte de forma irreversible y que hoy se encuentra en su propia tierra seriamente cuestionado por sus acciones.

En tal contexto, el discurso de serenidad y esperanza que transmite con singular habilidad el predicador cristiano puede calar hondo en almas atribuladas por sus problemas cotidianos y el acoso de la pobreza, sobre todo en la clase media que ve cómo se evaporan sin remedio sus recursos y su calidad de vida.

La preocupación del rejuntado político que sostiene el emprendimiento libertario no es injustificado, toda vez que de entrada la participación de Gebel en la elección presidencial como mínimo ya estaría anticipando la división del electorado que hasta ahora ha seguido a la LLA.

Se daría así un escenario de tercios como la última vez, en el que el desgaste propio de la gestión favorece desde el inicio a Gebel y Kicillof y ya ahora, a menos de dos años del cotejo electoral, se puede pronosticar la inevitable segunda vuelta que puede resultar fatal para Milei y su cohorte de paniaguados.

En un país como la Argentina, donde las convicciones de la dirigencia política son tan líquidas, tampoco hay que descartar que la ubicuidad que ha mostrado en los últimos años el peronismo lleve a alianzas con Gebel que aplasten cualquier sueño reeleccionista.

Para colmo, el inevitable desgaste de Milei correrá paralelo al desgaste de Trump en los EEUU, que en las próximas elecciones de medio término puede convertirse en un pato rengo que arrastre en su peregrinaje al ocaso a su mandalete argentino.

Como se ve, las perspectivas no son promisorias para el aprendiz de brujo experto en gestión económica con plata y sin plata, que no obstante la oscura nube que asoma en el horizonte sigue viviendo en el mundo de los comics mientras el fuego devasta miles de hectáreas en el sur.

Ahora bien, ¿cuenta Gebel con los atributos necesarios para remontar el complicado escenario social, político y económico que va a dejar a su paso el estrafalario experimento libertario?

Mas allá de su extraordinario carisma y su dominio de la oratoria, que lo colocan en las antípodas de Milei, nada se sabe de las aptitudes, la experiencia y el conocimiento que un gobernante debe tener para conducir los destinos de un país.

Quizás, si finalmente decide competir, como parece, durante la larga campaña que le espera aparezcan con más nitidez esas aristas políticas hoy ausentes de su discurso, aunque ya el hecho de haber logrado el enorme éxito masivo que ostenta habla de su capacidad de construcción social.

Y esta capacidad es fundamental para restañar las heridas abiertas en la sociedad por un irresponsable que hizo del insulto cotidiano, el improperio y el odio al disidente el eje de su catecismo político.

Porque la división social generada por las descalificaciones permanentes del inquilino de la Rosada es un marco en el que ningún plan de gobierno puede medianamente llevarse adelante por más promisorio que parezca.

Y la verdadera plataforma de lanzamiento hacia un futuro más previsible y estable pasa como condición ineludible por la concordia social y la conciencia en la sociedad de un destino común.

Para lograr ello, Gebel cuenta con todos los recursos y la experiencia que le dieron sus años de serenar y confortar los espíritus; falta ver si se rodea de personas capaces de ayudarlo a construir y sostener un proyecto político de estabilidad y prosperidad que termine con la montaña rusa que caracterizó al país desde el retorno de la democracia.

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