Por Oscar Edgardo García.-

En la sesión de la Cámara de Senadores en la que se debatió la reforma laboral, José Mayans denunció la existencia de “irregularidades durante el tratamiento de la reforma” y “un avasallamiento al reglamento del cuerpo”, sentenciando que “el tratamiento exprés es un problema, porque se hace en un día”.

Causa enorme estupor que el senador se manifieste con críticas sobre tales prácticas, cuando ellas fueron habituales y repetitivas durante los gobiernos kirchneristas que él representó como legislador de manera servil.

¿Hipocresía o amnesia? ¿O ambas?

Cabe recordar que en el año 2014, el Poder Legislativo sancionó 187 leyes, de las que 83 de ellas tuvieron origen en el Poder Ejecutivo presidido por la “señora” Cristina Fernández de Kirchner, quien, vale recalcar, se encuentra actualmente con prisión domiciliaria, condenada por delitos de corrupción.

La cifra citada superó holgadamente el promedio de 45 leyes anuales que el Congreso Nacional le aprobó al Gobierno de la “Señora” desde que arribó al poder en el año 2007.

Tal superproducción de leyes no representó un mayor debate legislativo, porque en la realidad no existió agenda consensuada alguna con la oposición y en la Cámara de Diputados la cantidad de sesiones especiales no sólo fue un récord sino que el oficialismo impuso el temario por el mero hecho de ostentar la mayoría.

La descripción precedente hizo que el Congreso Nacional, y particularmente la Cámara de Diputados, se consagrara como una “escribanía exprés” del Gobierno presidido por la “señora” Cristina Fernández de Kirchner, con la aptitud de aprobar leyes de una semana para la otra y sin introducir, ni debatir mínimamente modificaciones sustanciales y necesarias.

Por todo ello, produce un gran deleite contemplar el éxito de la aprobación del proyecto de ley presentado por el oficialismo en esta oportunidad y, a la vez, que Mayans y los integrantes del movimiento político al que pertenece se deglutan sus injustificados votos negativos.

Los hechos actuales están confirmando que “a cada chancho le llega su San Martín”, así como también que a “cada pavo le llega su Nochebuena”.

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