Por Carlos Tórtora.-

La reciente elección de Rodrigo Paz Pereira y José Antonio Kast como presidentes de Bolivia y Chile permitió entrever la formación de una alianza de derecha en Sudamérica en la que Javier Milei podría tener un rol destacado. Sin embargo, la impronta personal del presidente argentino amenaza con aislarlo una vez más. Es que tanto Paz como Kast y el presidente paraguayo Santiago Peña Nieto están optando por manejarse con prudencia ante la crisis venezolana. De hecho, el único presidente de la región que adhirió incondicionalmente a la intervención militar norteamericana en Caracas fue Milei. El apoyo a Washington de los gobiernos de derecha de la región es mesurado y apunta a tratar de moderar la conflictividad generada por Donald Trump.

El otro punto central es la relación con Brasil. Lula estaría más que preocupado por las consecuencias que la probable desestabilización del régimen chavista podría tener en las fronteras entre Venezuela, Colombia y Brasil. El mecanismo de contención con el que cuenta Lula es el mismo de los últimos años: el eje con Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro. Casi toda Latinoamérica armoniza con este eje, excepto obviamente Milei.

Al borde de la ruptura

La agresividad del líder libertario fue in crescendo en los últimos días. Así es que hubo en X un fuerte intercambio de halagos y apoyos entre Milei y Eduardo y Flavio Bolsonaro. No es un tema inocente: contando con fuertes apoyo en los EEUU, Jair Bolsonaro está preparando a su hijo Flavio para que se presente en la elección presidencial de este año.

Esta indisimulada injerencia en los asuntos internos de Brasil hizo que Itamaraty dejara de custodiar la embajada argentina en Caracas.

Al compás de la crisis venezolana, todo indica que Milei va quedándose solo en una postura extrema, mientras que el grueso de los países latinoamericanos se van ordenando en torno a Brasil, México y Colombia.

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