Por Carlos Tórtora.-
A cuatro días de las elecciones en Israel, el bloque opositor liderado por el ex Jefe de Estado Mayor Gadi Eisenkot aventaja a la coalición oficialista de Benjamín Netanyahu. Pero ninguna de las dos fuerzas alcanzaría el número de 61 bancas necesario para formar gobierno en una Knéset de 120 bancas. Curiosamente, la llave de la mayoría la tienen los partidos árabes, que sumarían entre 13 y 15 escaños.
Justamente Netanyahu, que tiene muchos flancos abiertos, ahora agita el fantasma de un gobierno de Eisenkot con los partidos árabes y levanta una consigna extrema: «derecha o Palestina».
Como se da hoy mayoritariamente en Europa y América, en Israel la cifra de indecisos también es alta y llega al 30%, y los que dicen que no van a ir a votar no bajan del 26%.
Cómo funciona
El sistema es totalmente parlamentarista. El partido de Netanyahu podría ser el que obtenga más votos pero igual perdería el gobierno si sus adversarios construyen una mayoría parlamentaria.
Después de las elecciones y si ningún partido obtuvo 61 escaños, el presidente le encarga a un diputado del partido con más votos que forme gobierno y, si consigue la mayoría, asume -o en este caso continúa- el Primer Ministro. Por lo tanto, aunque pierda, Netanyahu continuará en el poder hasta que se forme el nuevo gobierno.
Además de Eisenkot, son candidatos a la sucesión de Netanyahu Naftali Bennett, que ya fue primer ministro, lo mismo que otro postulante, el centrista Yair Lapid.
Los análisis coinciden bastante en que a la coalición oficialista le resultará bastante difícil alcanzar los 61 escaños. Pero las divisiones en la oposición son profundas y probablemente pasaría lo mismo. No hay que descartar entonces una larga negociación que terminaría favoreciendo la continuidad de Netanyahu.
Un resultado indispensable
El hecho de que la inminente derrota electoral de Trump sea casi inevitable, hace que para Javier Milei la victoria de Netanyahu este lunes sea indispensable. Si los dos pilares del sistema de poder de Milei fueran derrotados, la Casa Rosada se quedaría con muy poco oxígeno internacional.
Y esto es más significativo aún por cuanto en el periplo presidencial por Madrid quedó en claro que la derecha europea se está bajando del barco libertario.
Deja una respuesta