Por Luis Américo Illuminati.-

Ante la propuesta de la Diputada nacional Natalia de la Sota quien presentó un proyecto de ley para que el Sable Corvo del General José de San Martín no sea retirado del Museo Histórico Nacional y para derogar el decreto presidencial que ordena su traslado al Regimiento de Granaderos a Caballo, no estoy de acuerdo. Lo único que tiene asidero es la oración, algo obvio, al decir que «quedaría estrictamente prohibido que la pieza sea removida, trasladada o cedida, incluso de forma temporal, a cualquier otra organización o sitio, ya sea dentro de la República Argentina o en el exterior». Este es mi punto de vista y mi mensaje para ella.

Sra. Senadora Natalia de la Sota. No pierda su tiempo con proyectos que no llevan a ninguna parte, como los «senderos del bosque que se pierden en la espesura» (cito a Heidegger). Y confirmo lo que tanto mi padre como muchos militares y civiles de su época, la opinión generalizada de que el sable corvo del Padre de la Patria no debe ser motivo de disputa ni discordia sino prenda y símbolo sagrado de «unión de los argentinos», y debe se conservado y resguardado en cualquier lugar digno, establecimiento o edificio público; pero teniendo en cuenta que una vez fue robado, nada mejor que esté resguardado en el asiento principal del glorioso Regimiento de Granaderos a Caballo, que él mismo creó en 1812 y que lo acompañó en la Gesta de la Independencia. Ese Regimiento representa lo mismo que la Casa de Yapeyú o la Casa de Boulogne-sur-mer serán siempre -propiamente- el Hogar del General San Martín cuyo espíritu permanece en esos mismos lugares donde nació y vivió, donde cristalizó sus nobles ideas, donde luchó, envejeció y murió. En cambio, los museos, por más buenas intenciones y protección que tengan, si bien guardan y conservan reliquias y tesoros del pasado, no son hogares cálidos, se aproximan bastante en esta época posmoderna a lo que Marc Augé denomina «no lugares».  Diversos filósofos y críticos, entre ellos André Malraux, Paul Valéry y Walter Benjamin han señalado que de alguna forma los museos sin proponérselo descontextualizan los objetos sagrados y las reliquias históricas privándolos de su aura original, convirtiéndolos en meros objetos de exhibición por donde pasea su aburrimiento un flâneur (merodeador en términos antropológicos) o se regodea un posible ladrón como ocurrió hace poco en el Museo del Louvre. El espectacular atraco ocurrido el 19 de octubre de 2025, cuando ladrones en motocicletas y usando una plataforma elevadora robaron nueve joyas históricas de la colección de Napoleón en la Galería Apolo durante el día, con visitantes presentes, llevándose piezas inestimables.

La crítica es constructiva y va dirigida al lugar donde se exhibe una determinada reliquia donde se mezclan la indiferencia, la veneración y la codicia humana. Máxime en esta era del vacío, en que un valor de culto se transforma en un valor de exhibición, desnaturalizando el espíritu de la grandeza y los ideales de una reliquia como el sable sanmartiniano, una suerte de Santo Grial consagrado a la libertad de los pueblos.

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