Por Luis Alejandro Rizzi.-

La demanda social del 2001 fue “Que se vayan todos”; quedaron muchos.

Sin embargo, esa demanda se fue cumpliendo con parsimonia. Todo proceso social lleva su tiempo, y llegamos al 2026, en que realmente se fueron todos y sólo nos quedó Milei.

La sesión del Senado fue patética, y ni el experimentado José Mayans advirtió la modificación de último momento sobre el tratamiento de las enfermedades incurables que, como cuenta Francisco Olivera, varios legisladores se percataron de la novedad al día siguiente. ¿Quién había incluido a último momento ese artículo que hasta la noche del martes no figuraba en el texto?

Vi por la TV del Senado algunos discursos que resultaban insoportables por su rancio eufemismo y a la vez por la distancia que muestra su nivel de representación con la gente.

Me pareció impertinente el inicio de la perorata del tal Monteverde sobre los derechos de propiedad y la libertad, justo cuando el gobierno creó la oficina, digamos en palabras simples de la “verdad”, y el 31 de diciembre sancionó el DNU 941, insanablemente nulo, que analizamos en nota anterior.

Hoy la política muestra un árido desierto y nos queda el último de los beduinos, que es Milei, que se mueve con absoluto libertarismo y, en las alucinaciones que crea la soledad, se siente desde Dios hasta servidor obsecuente de Trump.

Como todo beduino, y más siendo el último, Milei tiene seguidores que lo ven como un salvador y es ese núcleo, que hoy no creo supere un 25% del padrón; pero mientras sea el último, seguirá siendo hasta que se tope con un oasis que sólo será de fantasía, como son estos días de febrero, que podríamos llamar el mes de su orgasmo político.

La cosa es que hoy se fueron todos. Pero ¿qué hacemos con Milei?, parafraseando el título de una obra de teatro.

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