Por Carlos Tórtora.-

Anteayer en San Rafael, Mendoza, la alianza entre LLA y la UCR consiguió superar por 39 a 38 por ciento al PJ, que responde a la senadora nacional cristinista Anabella Fernández Sagasti. La alianza libertaria radical también se impuso en Rivadavia y Luján de Cuyo. Por su parte, el PJ consiguió retener Maipú, Santa Rosa y La Paz. Este avance del oficialismo en distritos tradicionalmente afines al peronismo puede interpretarse en consonancia con una serie de síntomas.

Por ejemplo, en el Senado nacional, tres de sus miembros ya anunciaron su salida del bloque Unión por la Patria para constituir Convicción Federal, un nuevo bloque. Se trata de Carolina Moisés (Jujuy), Guillermo Andrada (Catamarca) y Sandra Mendoza (Tucumán).

A todo esto, el trío compuesto por los gobernadores de Salta, Tucumán y Catamarca, Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, después de la sanción de la reforma laboral pasaría a afinar su estrategia electoral con la Casa Rosada. De haber alianza con LLA, la primera condición de los peronistas sería que el gobierno no interfiera en sus respectivas reelecciones y que las pretensiones de Milei de colocar sus candidatos locales sean moderadas. Es fácil deducir que en todas las provincias donde gobierne la futura alianza libertaria-peronista los PJ locales no podrían aspirar a ganar las elecciones locales..

Con final abierto

Estas y otras señales convergen en que en media docena de provincias se repetiría la escena de un gobierno nacional con fuerte respaldo local.

Este proceso de achicamiento del PJ en una serie de provincias chicas está acompañado por su crisis en Santa Fe y Córdoba. Y, por último, se acentúa la sensación de que el peronismo se repliega sobre el conurbano bonaerense, porque tampoco hace pie cómodamente en el interior de Buenos Aires.

De ahí que Milei advierte que si consigue ganar la gobernación de Buenos Aires esto podría precipitar una crisis inédita en el PJ.

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