Por Carlos Tórtora.-
Días antes de las elecciones legislativas del año pasado, Donald Trump apareció en escena planteando que la crisis argentina era terminal y que había que tratar de evitar el desastre. Simultáneamente, el gobierno de Javier Milei explotó en este mismo sentido los miedos de la clase media al descontrol de la economía. El resultado fue excelente, porque LLA consiguió remontar una elección que se creía perdida.
Un año después, el presidente vuelve a convocar los fantasmas del miedo social. Pero en este caso lo hace para oxigenar sus anémicas chances de reelección, porque para las elecciones falta un año, que en el actual ritmo parece un siglo.
Los hechos hablan por sí mismos. Para empezar, Milei invitó a exponer en una reunión del Gabinete Nacional al economista Alberto Ades, partidario de un dólar más alto.
A renglón seguido y estando en Nueva York ante posibles inversores, Milei no minimizó el riesgo de una corrida cambiaria, anunciando que, para frenarla, contaba con una bazuka de 75.000 millones de dólares.
Por último, acaba de sostener el presidente que cuenta en la billetera con USD 125.000.000 para enfrentar una probable corrida cambiaria el año que viene.
En términos de comunicación política, los mensajes emitidos son claros: el que sostiene el rumbo económico no es Luis Caputo sino Javier Milei. La corrida se viene y Milei sólo podrá enfrentarla si está en buenas condiciones políticas y, por último e implícito: hay que apoyar la reelección para evitar que la crisis política se lleve puesta la economía.
De resultado dudoso
Hay también otro mensaje presidencial implícito y es el más interesante: si triunfa el mileísmo sin Milei y la candidata termina siendo Patricia Bullrich, el presidente estaría tan debilitado que no podría ni frenar una corrida cambiaria.
En síntesis, los Milei estarían girando para combatir el crecimiento del mileísmo sin Milei, que es su verdadero enemigo, ya que el voto peronista está blindado y el núcleo libertario todavía aguanta, aunque se achique. Esta estrategia no tiene nada de nuevo y es una versión más del hombre providencial al estilo africano. O sea, sin Milei, la democracia argentina se extinguiría sin remedio.
Hay quienes ven en la estrategia del miedo la mano de Santiago Caputo. Por supuesto, cabe preguntarse qué pasaría si Milei consigue instalarse como el candidato único del oficialismo e igual se dispara la crisis financiera.
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