Por Luis Alejandro Rizzi.-
La Argentina vive un final de época, un espacio de tiempo cuyo inicio es difícil de precisar; cualquier fecha viene bien, pero que, a los fines prácticos, fijaríamos en el inicio del primer gobierno del General Juan Domingo Perón y cuyo cierre correspondería a Javier Milei.
Ambos ya ingresaron en la historia; lo que no sabemos cómo los juzgará.
En el ínterin tuvimos gobiernos de facto, algunos como el de Milei, elegidos por el voto ciudadano, otros, como los gobiernos de 1955, 1962, 1966, 1976, diría proclamados por aclamación activa, como fue la “Revolución libertadora” (sic) de septiembre de 1955, y otros por aclamación pasiva, como fueron los de 1962, 1966 y 1976. Si éstos hubieran sido plebiscitados, habrían ganado por amplia mayoría.
Paradojalmente, ningún gobierno posterior a septiembre de 1955 no sólo no pudo cerrar una época, sino que menos pudo ofrecer un futuro.
Gramsci decía que, cuando el viejo tiempo no muere y el nuevo no nace, se viven lapsos morbosos.
Pero en esta Argentina de 2026 es la morbosidad lo que está cerrando una época, más bien abandonando una época o, si se prefiere, destruyéndola.
En general toda destrucción carece de estética por definición y cuando Milei se declara “anarco-capitalista” no puedo evitar la tentación con aquella otra de Ricardo Balbín, respetando su calidad personal, de la que carece Milei, en víspera de 1976, cuando dijo “no tengo soluciones”.
Dos formas de decir que el futuro es inescrutable.
El peronismo en todas su variopintas versiones o formas muestra su estado de morbosidad, como en la parábola de los talentos, que termina así: “Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadles a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.”
Pues bien, así está terminando el peronismo, en el llanto de su infertilidad y el rechinar de dientes del resto de la sociedad.
A su vez, el mileísmo incurre en el mismo vicio. No tuvo capacidad para mantener lo recibido y ni siquiera supo conservar el único talento, la expectativa de la gente y, como en la parábola, “aun lo que tiene se le quitará”, pero la cosa es que todos estamos siendo empujados a las “tinieblas”, como lo muestran los últimos índices de la universidad Di Tella, por los “siervos inútiles”.
Estos últimos días políticos de la Argentina fueron tenebrosos, como fue el tema del fallido artículo 44 en el tratamiento de las enfermedades inculpables, introducido de modo clandestino, según trascendió por instrucciones del propio Milei o alguno de sus eunucos, en su nombre.
Milei no podrá evitar que le alcance el sayo de “timador”, “quitar o hurtar con engaño”.
Todo esto puede durar un tiempo más, pero el futuro sólo se vislumbra tenebroso o en tinieblas.
Vivimos tiempo carentes de estética, de ética y de moral.
Un real infierno.
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