Por Carlos Tórtora.-

La crisis está jaqueando a un gobierno que carece de creatividad política y posibilidades de innovar en lo económico. El gobierno mostró renovadas esperanzas de armar un sólido frente electoral a partir de que sus aliados le permitieron bloquear la derogación del DNU 70/23.

Pero esta visión choca con una realidad política líquida. Los gobernadores van y vienen negociando puntualmente cada tema y eludiendo los compromisos matrimoniales con los Milei. El horizonte es marzo. Si para entonces Milei profundiza su derrumbe en las encuestas, su gobierno puede quedarse sólo con tres o cuatro gobernadores amigos que lo acompañarán en octubre. El resto saldrá corriendo a negociar con Axel Kicillof o con el nuevo Juntos por el Cambio que se está tejiendo en las sombras.

Así es que los números destruyen cualquier posibilidad de armado político del gobierno. Tenemos la inflación mayorista de septiembre en un alarmante 3,2% y la mensual subiendo al 1,9%. Luis Caputo admitió que piensa utilizar 5000 millones de dólares del SWAP con China para cubrir compromisos de la deuda, dejando en ridículo la bazuka de USD 125.000 millones que anunciara el presidente. La fuga de divisas de la era Milei ya llega a losUSD 48.000 millones y la Argentina se desploma en los índices de inversión y el riesgo país subió un 50% en dos meses.

Así las cosas, cualquier sector político que se suba al tren de la reelección presidencial sabe que marcha hacia un probable desastre. Mauricio Macri y el PRO son la prueba de esto. El expresidente apostó a una estrategia pendular mostrándose como un oficialista crítico y está quedándose sin nada. Su primo Jorge controla la ciudad y se corta solo. Cristian Ritondo y Diego Santilli regentean el PRO bonaerense. Macri se está convirtiendo entonces en un fantasma político.

Ante una creciente resistencia de los Menem a neutralizar los armados electorales de LLA en muchas provincias, los Milei están jugando sus últimas cartas de triunfo: que el Congreso suspenda las PASO y que Patricia Bullrich se equivoque y acepte ser vice de Milei, con lo que empezaría a licuarse.

¿Y si la clase media se rebela?

Todo el tablero del juego político descansa -tanto para el oficialismo como para la oposición- en que la sociedad permanecerá pasiva ante una crisis que está produciendo un empobrecimiento masivo.

En mayo del 69, exactamente un año después del mayo francés, se desató en la Argentina el Cordobazo y cambió la política nacional. La actual protesta masiva en Francia toca la médula de la tensión argentina: la pauperización de la clase media. Es cierto que la carrera electoral, según los manuales, debería frenar el estallido social. Pero esta lógica no está funcionando en Francia. Hay elecciones generales en abril pero el país está incendiado.

La conmoción se está extendiendo rápidamente a Italia y España bajo el signo de la polarización. Crecen las derechas y las izquierdas y se diluyen las fuerzas de centro.

La situación argentina es atípica en América Latina. De los gobiernos que integran la nueva ola de derecha, el de Milei es el único que cosecha un amplio rechazo social y la economía argentina es la única de la región que se desploma aplicando ajuste y desregulaciones que traerían inversiones que nunca llegaron. Y, al revés, los sectores beneficiados por el RIGI son los que más están desinvirtiendo.

Que la clase media salga a la calle inspirada en la crisis europea no es entonces una hipótesis descabellada.

Hay ahora demasiados disparadores dando vueltas: la casi segura derrota electoral de Donald Trump, la crisis francesa, la visita papal, la definición electoral en Brasil, etc.

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