Por Guillermo Cherashny.-

Pasan los días y en Teherán, la capital de Irán, y en el resto de ese país, las protestas por la situación económica y por la dictadura de los ayatolah entró en una etapa sanguinaria, dejando miles de muertos. La rebelión comenzó en el Bazar, el foco de la economía en ese país milenario, aunque la mayor riqueza proviene del petróleo. Sin embargo, la importancia del comercio para la población es clave y es el mismo Bazar quien inició las manifestaciones que voltearon a Reza Pahlevi, el Sha de Irán, que gobernaba con mano de hierro en una feroz dictadura que generó mucha oposición de todos los sectores, entre ellos el clero chiíta, mayoritario en esa nación pero minoritario entre los musulmanes, que son los sunitas. La oposicion estaba compuesta por nacionalistas, liberales, comunistas y, como dijimos, los clericales, y un ayatolah exiliado en París mandaba cassettes con mensajes grabados que unificaron a toda la oposición bajo su liderazgo y comandados por el Bazar de Teherán voltearon al sha y asumió un nuevo gobierno encabezado por los nacionalistas que militaban en el partido de Mossadegh. ex primer ministro descabezado por Estados Unidos y Gran Bretaña por haber nacionalizado el petróleo en 1953. Pero al poco tiempo el ayatolá Jomeini tomó el poder, que quedó en manos de los fanáticos, que instauraron una teocracia islámica chiíta y así llegamos a estos días, en donde el régimen, con la idea fija de tener una bomba atómica, despilfarró los recursos petroleros y una guerra perdida con Israel, además de la exportación del terrorismo por todo el mundo.

La crisis económica se profundizó con devaluaciones y con la escasez del agua en Teherán, que disparó la rebelión del Bazar y de todos los sectores con grandes manifestaciones con miles de muertos. El problema es que es una dictadura clerical militar con una gran fuerza misilística y con mucho armamento, por lo cual es casi imposible que una fuerza extranjera ocupe el país y ordene una transición democrática. La única alternativa es un ataque con aviones, misiles y drones contra el aparato represivo que tampoco garantiza un cambio de régimen y el pueblo en las calles no parece en condiciones de voltear al gobierno teocrático, como pasó cuando provocaron la fuga del sha.

En conclusión, no es probable que el pueblo cambie el régimen, por lo cual es imprescindible que Trump le pegue un golpe muy fuerte al gobierno clerical-militar y hoy por hoy el presidente americano no se decide a intervenir.

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