Por Luis Alejandro Rizzi.-

La información periodística nos hace saber que el pueblo de Cuba está padeciendo una crisis económico-social, como si estuviera en medio de una cruel guerra.

Leía en el diario “El País” que ya se siente “…el peso de la falta de los casi 40.000 barriles de petróleo diarios que llegaban desde Venezuela y las restricciones a un proveedor como México. Las colas para comprar combustible son kilométricas en la isla, el precio de la gasolina en el mercado negro se ha duplicado, y los apagones, que ya estaban a la orden del día, se han intensificado, acumulando hasta más de 20 horas diarias sin luz eléctrica.”

Un real infierno.

El gobierno de los EEUU -Donald Trump- tiene mucho que ver con esa crisis, ya que es obvio que le conviene más apostar a “la teoría del colapso”, mientras apuesta por la asfixia económica y la idea del “Estado fallido”.

Si Trump fuera coherente, debería pensar que en Cuba la “gente se muere de hambre”, como lo dijo en octubre pasado para la Argentina, y así justificar la ayuda que le dio, no tanto a la gente sino al gobierno de Javier Milei, que estaba a punto de convertirse en jefe de un “estado fallido”, y así ganó una elección de modo impensado, con sólo el 27% de los votos del padrón.

Lo cierto es que no nos estábamos muriendo de hambre, sino que estaba colapsando el gobierno de Milei.

En Cuba, la “gente sí se está muriendo de hambre” y Trump extrema la cosa, para provocar la caída del gobierno de Díaz Canel, al modo más perverso y salvaje de Lady Macbeth. El crimen no es contra el rey Duncan sino contra la gente.

Es obvio a Trump no le interesa la gente sino ciertas personas que lo embadurnan con su obsecuencia, como es el caso de Milei.

Hay otra diferencia más allá de Díaz Canel, que es que la dirigencia de Cuba no es una dirigencia corrupta como la venezolana, donde no cabe duda de que “los Rodríguez” colaboraron y colaboran.

Siempre fue más fácil negociar con corruptos que con personas con fuertes creencias ideológicas.

Ayer Díaz Canel, en una suerte de conferencia de prensa, fijó, según relata el mismo medio, con dignidad los límites dentro de los cuales sería posible entablar negociaciones con el gobierno de Trump. “Hay muchas cosas en las que podemos trabajar juntos, sin prejuicios”, dijo Díaz Canel, quien llegó a la sala de prensa vestido de negro, y se paró en un estrado junto al retrato de un Fidel joven. “De cuántas cosas privamos a ambos pueblos por esa política decadente, prepotente, criminal de bloqueo”. También sostuvo que cualquier diálogo sería en función de “construir una relación entre vecinos, civilizada, que le pueda aportar un beneficio mutuo a nuestros pueblos”.

Díaz Canel, en definitiva, busca negociar en un marco de dignidad política y no sobre “patéticas miserabilidades” como seguramente se negoció en Venezuela con el régimen “chavista”.

Trump le está aplicando al pueblo de Cuba una variante del “garrote vil”; su negocio es que la gente se empiece a morir.

Me acordé de una carta de Vaclav Havel escrita durante su cautiverio en manos del comunismo; no es noticia el mal trato a los presos políticos, será noticia cuando muera alguno.

Quizás es lo que está esperando la “diplomacia”: innovar los derechos humanos cuando se contabilicen muertes.

Quien quiere los medios, quiere los fines.

Gaza sigue siendo testigo de que la muerte paga más que la vida.

“Bajo la presión implacable del presidente estadounidense, Donald Trump, y socavado persistentemente por China y Rusia, el orden internacional basado en normas está siendo aplastado, lo que amenaza con llevarse consigo la arquitectura en la que los defensores de los derechos humanos han llegado a confiar para promover las normas y proteger las libertades”, advierte Bolopion, director ejecutivo de Human Rights Watch (HRW).

Según esa institución, los seis agujeros negros para los derechos humanos son Rusia, China, Irán. Venezuela, Corea del Norte e Israel y Palestina.

¿Se sumará Donald Trump? O ya se sumó…

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