Por Luis Alejandro Rizzi.-

“En el último año y medio, la venta de pan cayó 60% y la de facturas se desplomó 85%. El dato lo aportó Daniel Rodríguez, representante de la Unión de Personal de Panaderías y Afines —el gremio que nuclea a los trabajadores del sector en la Ciudad de Buenos Aires—, en una entrevista con Infobae en Vivo. “La plata no está alcanzando”, dijo.” Infobae.

Es un dato que se puede interpretar de diversos modos.

El más directo y simple, es decir “la plata no alcanza”; lo que pienso es sólo una parte de la verdad.

Un viejo panadero del barrio de Flores Sur me decía días pasados que los hábitos de la gente han cambiado, ahora “…se consume menos pan, y mucho menos “medialunas” y factura…” y luego agregó “y el consumo de tortitas negras desapareció”.

“¿Se debe a que la gente tiene menos plata?”, pregunté.

“Sí y no, antes nuestros productos eran muy baratos, la gente compraba de más, si el pan se endurecía, se rallaba en casa para las milanesas, eso no pasa más, ahora se venden muchos productos alternativos para “empanar”.

Luego agregó: “la venta de medialunas y factura bajó y creo que eso se debe a los precios… hoy se vende por piezas, muy pocos compran por docena y cada una hoy se cobra desde una base de unos mil pesos, yo las estoy cobrando 1.300… por Recoleta se venden a 1800 o dos mil…”

“¿Por qué distinguís entre “medialunas y factura?” “Porque por cada factura se venden 5 medialunas, esa es la diferencia…” (sic)

“¿Me estás diciendo que vendés más caro porque vendés menos…?”

“Me estás enredando”, respondió, “otra vez sí y no”.

“No te entiendo”.

“Los precios de los insumos aumentaron, los sueldos del personal, tengo cuatro empleados y un maestro panadero, los impuestos, las cargas sociales, encarecen y el producto cuesta más y la gente que gana menos, compra menos”.

“Si la gente comprara más, ¿qué pasaría?”

“Los precios subirían menos…” Luego de pensar unos segundos, continuó: “Lo que vendo es perecedero, tengo que llegar a las ocho de la noche con todo vendido, hoy las medialunas que me quedan de ayer (sic) las vendo más baratas, eso antes no pasaba, lo que no se vendía se lo llevaban los empleados. Llegamos a tener 10 en la época de mi viejo.”

“¿A qué precio las vendés?”

“Digamos 700… 800…”

“¿Ganás o perdés dinero?”, pregunté

Al toque me respondió: “Gano menos… bastante menos que hace diez años; mi viejo ganaba guita en los 50 y 60, es cuando todos los años compraba una casa y la de Mar del Plata, que todavía conservamos, eso se acabó, ahora sólo vivís.”

Me quedé pensando, y me parece que ahora es más normal, se trabaja para vivir, enriquecerse es otro tema.

Pero se vende no sólo menos pan, los servicios dejaron de estar subsidiados, cambiaron las prioridades de las familias y eso impacta en los consumos… impacta en el ejercicio y acceso a derechos.

Vivienda no es sinónimo de propiedad; la locación también lo es, pero sigue sin existir relación entre precio e ingreso. Ésta es una cuestión que puede incidir en las próximas elecciones ya que afecta a los segmentos más jóvenes de la sociedad.

El gobierno deja librado el tema al mercado sin advertir que hay mercado cuando hay capacidad de pago.

El proyecto del gobierno sobre la propiedad es sólo para los ricos, ese 10% que forma el núcleo durísimo de Milei.

La cuestión no es la propiedad sino la posibilidad de acceder a la vivienda, que no es lo mismo.

Las “villas” y su urbanización no es la solución, sino la expresión de la incapacidad para enfrentar la cuestión.

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