Por Carlos Tórtora.-
Después del triunfo de LLA en las legislativas de octubre pasado, los Milei habrían llegado a la conclusión de que el éxito imperante obligaría al Congreso a subordinarse a los deseos de la Casa Rosada. En ese clima de euforia fue que en marzo el presidente envió al Senado el megaproyecto de Reforma Electoral. El mismo tiene dos grandes objetivos: demoler el sistema electoral nacional debilitando el rol de los partidos y eliminar las Paso para que el PJ, al no poder dirimir sus cuestiones en una primaria, caiga en un enfrentamiento abierto y se fracture. En síntesis, un verdadero harakiri que la dirigencia política practicaría a cambio de prebendas y de subirse al carro triunfal del gobierno. Pero a partir de marzo la realidad cambió.
La inflación y la desocupación subieron y el consumo bajó, lo que sumado al caso Adorni hizo que Milei bajara por un tobogán en las encuestas. Los senadores de las provincias dialoguistas, más el PRO y la UCR, tomaron conciencia de que la suspensión de las PASO es la llave de la reelección de Milei. Pero también se dieron cuenta de que el presidente tenía en vista construir casi un partido único sobre las ruinas del macrismo, el radicalismo y los peronismos provinciales. Para los dialoguistas, la reelección de Milei implica el riesgo de ser avasallados luego por la maquinaria oficial.
Así es entonces que la Reforma Electoral lleva siete meses frenada. Los cantos de sirena de Diego Santilli y del propio Milei la semana pasada en París no consiguen remover en lo más mínimo la profunda desconfianza de sus aliados. Por ejemplo, los gobernadores intuirían que, si se suspenden las PASO y el PJ se fractura, los Milei lanzarían en la mayor parte de las provincias a candidatos a gobernador de LLA, tratando de desalojarlos a ellos del poder.
Los costos serían inevitables
Lo que empezó como una marcha triunfal se convirtió en una trampa para los Milei. Éstos ya se conforman con una ley de cuatro artículos que suspenda las PASO y abandonaron el mega proyecto de reforma electoral de 79 artículos.
Pero no hay clima tampoco para la suspensión y ya casi nadie está dispuesto a sumarse a un gobierno que ya tiene menos de un tercio de los votos.
Hace 48 horas, Jorge Macri, uno de los principales aliados de la Casa Rosada, se despachó con que, para evitar especulaciones electorales, cualquier reforma sobre las PASO debería aplicarse recién en el 2031. Se trata de un golpe muy fuerte que puede tener acompañamiento en varios mandatarios provinciales.
A esta altura entran en juego dos factores: el tiempo y los costos.
En dos meses se cumplirá el plazo máximo para modificar la legislación electoral, porque recientemente la Cámara Nacional Electoral le recordó al Congreso que se deben respetar las pautas de la OEA. En otras palabras, no se deben cambiar las reglas de juego electorales en el año electoral.
Con la cuenta regresiva avanzando, el gobierno se enfrenta a una perspectiva grave: tener que pagar un alto costo político por estar nueve meses poniendo como prioridad una ley que no contaba con los votos necesarios. Y encima Milei convirtió al tema en su principal caballito de batalla.
La magnitud del fracaso sería importante y podría contribuir a liquidar la aventura de la reelección. No hay que descartar tampoco que esta derrota sea el disparador de distintas situaciones. Por ejemplo, del alejamiento de Bullrich del gobierno. Ella acaba de decir que no le queda mucho tiempo para definir si será candidata a presidente. Otra consecuencia del fracaso de la suspensión de las PASO sería la crisis de Karina Milei como conductora estratégica del gobierno.
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