Por Paul Battistón.-

Y un domingo de los muchos que pueblan el calendario, Brasil hará sus apuestas sobre un intento de destino. Cualquiera de las dos propuestas apuntan a futuros totalmente disímiles.

Acepto que me resultaría genial una derrota de Lula. No coincido con quienes creen la necesidad de aceptar a la izquierda como una posibilidad incorporada a la democracia en la cual una masa puede elegir la gradual pérdida de libertad y una colectivización forzada del resto como un supuesto vaivén aceptable. El nombre simple y sencillo es comunismo, un concreto flagelo de las libertades y los incentivos. Llegar por el viejo camino de las revoluciones (las de supuesta liberación) o llegar por el camino del socialismo, la colectivización y una cultivada y constante creciente dependencia de un dios-padre-estado da lo mismo. Es el injustificable fin justificado por los medios siempre de asignación de la justicia de la igualdad (una verdadera injusticia).

A pasos de la primera vuelta electoral Lula dio señales de delimitaciones claramente hacia un rumbo que no tendrá retorno con su continuidad. Limitar tarjetas de crédito y una solidaridad forzada con un plan de financiamiento de endeudados.

¿Qué deja a Argentina tener al otro lado de la frontera un creciente comunismo de aceptación ociosa?

¿Que deja a Argentina tener detrás de esa misma frontera un liberalismo decididamente combativo hacia ese estado de intervenciones forzosas contra las libertades individuales?

La continuidad de Lula en el poder nos dejaría en una clara primera posición geoestratégica en cuanto al conformado del nuevo bloque del escudo de las América. En el nuevo escenario mundial, la geografía de América es el único espacio que juega en concordancia con su realidad física, en el cual Brasil sería una excepción de cuidado con la continuidad de Lula.

El giro de Brasil hacia un liberalismo en manos de Flavio Bolzonaro nos rebajaría casi con certeza a un segundo lugar en la importancia geoestratégica pero a su vez con la descompresión de la presencia del estado y en sintonía con el rumbo de apertura comercial impulsado por Milei en Argentina se podría esperar un repentino crecimiento de los intercambios con quien es nuestro mayor socio comercial.

Recordando como analogía el triunfo de Cristina Kirchner en 2011 aún tras los primeros síntomas de puntual alarma económica, la continuidad de Lula tras algunos similares primeros síntomas contenidos por decretos auguran que una continuidad afectaría más rápido que tarde nuestro intercambio comercial.

El vaso está medio lleno y así seguirá. Hasta ahora el gobierno de Milei no ha visto vasos medio vacíos. De todo ha sabido sacar provecho y Brasil no debería ser una excepción.

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