Por Luis Alejandro Rizzi.-

Tal (sic) lo dispuesto por el decreto 56/26, que en uno de sus fundamentos dice: “que, por lo tanto, en este nuevo año cabe profundizar en los cambios estructurales que exigen las instituciones de nuestra República. Que la grandeza de una Nación se ve reflejada en instituciones sólidas, el respeto irrestricto de la ley, en una Administración eficiente y en la confianza de los habitantes y ciudadanos para con sus autoridades. Que por lo manifestado precedentemente se propicia declarar al año 2026 como el “Año de la Grandeza Argentina”.

Milei y su régimen, creo que es nombre más adecuado que gobierno, ratifica su vocación populista, al recurrir a ese significante vacío, que contribuirá a fortalecer lo que di en llamar el “síndrome Milei”, o una relación enfermiza entre un segmento social que convierte “el pan y circo” en “petit fours y espectáculo” o “caviar y champagne”.

Es ese segmento social amante del snobismo, que considera la cultura como un ornamento de moda circunstancial que hoy se practica en esa paradojal relación “sadismo-masoquismo”.

Estar con Milei, viste bien.

Habría un nivel de culpa que se reparte en esa expresión “la casta”, una caja de Pandora, abierta por políticos corruptos y empresarios prebendarios, que sería la que conforma el estado y que debe ser sustituida por el mercado, donde sólo sobresalen los eficientes con precios justos por su oferta de bienes y servicios.

Compartir esa “ideología” es ser portador de un valor cultural que distingue y garantiza supervivencia.

Según Milei, hemos vivido cien años de fracasos; pues bien, este decreto nos dice que ingresamos en el año 101 de la decadencia.

Milei se puso a la altura de Nicolás Maduro, como figura expresiva del populismo de peor calidad, recibe mensajes divinos y sus dichos son providenciales.

No necesita adelantar la fecha de ninguna festividad, se apropió del año 2026 entero.

Champagne con petit fours y caviar y good año de la grandeza nacional.

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