Por Paul Battistón.-
Todo podría estar mejor pero la posibilidad de empeorar no se amedrenta. Las chicas de la Rocinha no tienen su canción; Baden no podría habérselas dado, ni siquiera en una acuarela de notas que reflejaran ese paraíso que el tiempo ha convertido en un purgatorio festivamente peligroso. El ondulante “chicas” de Baden Powell está ya de hecho frecuencialmente desfasado de la agitación del “No Brasil”.
Una Commonwealth de micro estados cercenados al estado brasilero o quizás cabría mejor calificarlos de segregados por la propia inoperancia de Brasil como estado en un zigzagueante ejercicio de constante olvido con oportuno usufructo político jaquean ahora al gran estado olvidador.
Cualquier cosa puede crecer más rápido que la agilidad de un estado y de hecho las favelas lo hicieron, en población, en territorio y en eficiencia, se dieron a sí mismos lo que el estado padre no les dio y lo construyeron en muchos instantes sucesivos donde la ausencia era una liberación adrede mucho más eficiente para el logro de votos que una complicada insufrible campaña en una geografía adversa. La suma de la expresión de las voluntades en estos microestados cercenados siempre apuntaron a posicionar triunfante a quien propiciara la ausencia judicial de ese estado mayor por sobre la promesa de la presencia del estado casi inocuo en el cumplimiento de promesas de arrimar beneficios de obras sólidas y concretas a las cuales el narcotráfico financia y lleva adelante con mayor rapidez.
La principal industria de las favelas (delictual) intenta ejercitar su economía fuera de sus límites imprecisos. Estos límites son constantemente empujados en busca de ganar territorio. En estos microestados la economía doméstica (consumo propio) también es insuficiente para un crecimiento sostenido. El rápido crecimiento demográfico es un medio de presión expansivo tanto territorial como económicamente, la formalidad es también adoptada y entretejida dando un pseudo formato de economía oficial.
Todos los pronósticos apuntan a una economía brasilera sostenida. ¿Pero es lo sostenido suficiente para el gigante Brasil? ¿Un crecimiento moderado es válido para un tamaño de medio continente? El Real fortaleciéndose frente al dólar en un escenario no habitual de volatilidad a la par de una inflación que aún puede considerarse alta y un déficit fiscal sumado a una deuda pública creciente que no son tenidos en cuenta como variables a corregir (inclusive utilizados como estrategia para sostener el crecimiento y el movimiento del mercado interno) llevan a pensar en una cierta analogía con los inicios de Evo Morales en el poder, festejados por los medios de propaganda como exitosos y hasta puestos de ejemplo a seguir como una moderna y más humana forma de capitalismo. Una mala praxis gradual que dejaría su claro resultado de fracaso para cuando Evo ya no estuviera. De sostenerse en el tiempo la presencia en el poder del mal ejecutante se puede arribar a dos situaciones ya hartamente probadas en Latinoamérica. El viraje hacia un autoritarismo que inmediatamente encontrara los enemigos del fracaso por él mismo logrado o el paso al costado que demostrara en su ausencia su acierto contrapuesto al sufrimiento de los ajustes necesarios que fácilmente pueden y son militados como malintencionados sometimientos a intereses ajenos. Un nuevo capítulo en el que el sentido común de la capitalización y la existencia del mercado y su medidor “confianza” son convertidos en elementos de una ideología a considerar como enemiga.
La confianza política de Lula es aún alta y su base electoral conforma por sí sola un mercado de peso aun cuando vota en reticencia a la aceptación del mercado como una libertad fundamental y una formación de existencia natural e inevitable.
Brasil está en un buen momento aun en el contexto de todas las situaciones complicadas que el mundo ofrece y de sus problemas políticos internos. Situación que no amerita tomar un camino de empeoramiento como apuesta de riesgo para la supuesta obtención de réditos (algo así como promover un cierto valor de inflación para lograr un empuje en un mercado interno, mecanismo que puede lograr su propósito pero sostenido en el tiempo acabaría en males futuros).
En su retorno, Lula no volvió más bueno ni tampoco lo diametral simplemente volvió más Lula, o sea incapaz de zanjar ninguna diferencia. Volvió ejercitando supuestos mecanismos de inclusión bajo el verdadero costo de una mayor división (nada ha cambiado en Brasil desde su vuelta). En la puesta en funcionamiento de estas políticas es desde donde mayormente se incrementa el déficit sin un logro estructural permanente (las favelas ya no son asentamientos, son mini estados a los que solo se puede acceder en situación de conflicto armado). La experiencia en toda Latinoamérica muestra que una vez retirados estos supuestos mecanismos de inclusión nuevamente reaparece la división con un fortalecimiento de la pobreza. Se trata sólo de paliativos circunstanciales.
La situación política se muestra como reflejo de situaciones personales encontradas sin la más mínima posibilidad que el desenvolvimiento de los hechos por los actuales caminos se transforme en concreta confianza para un mercado que es el más grande de Sudamérica.
La independencia del poder judicial de Brasil comienza a caer en descrédito (no merecido) ante el histrionismo de un juez (personificado a lo Lex Luthor) coincidente con el eco presidencial enérgicamente innecesario. Es una situación que Brasil debería haber superado y no repetido bajo el riesgo de nunca poder cerrar la grieta que se expande por el Brasil no segregado.
Los acontecimientos como los de Plan Alto durante la re asunción de Lula son condicionamientos que esconden verdaderas oportunidades para logros muy diversos según las circunstancias o los actores de ese escenario inusual o simplemente son el incremento de una división insalvable. La resolución verdadera de estos acontecimientos pasa sólo por el ejercicio político y las decisiones sobre los mismos aun cuando sean plenamente correctas pueden resultar desacertadas en cuanto a la obtención de puros beneficios positivos. Lula optó por las decisiones menos redituables en beneficios para Brasil y en lo más exacerbado para la obtención de obstinación ideológica. Disponía como máximo un plazo razonable de un año para reafirmar lo que el medio propagandístico había vendido como “un Lula distinto” (en especial por considerarlo al frente de una coalición). Pero Lula, en sus destiempos y efervescencia, optó por lo contrario, una división en profundización. También optó por quedarse del lado contrario de una Tordesillas moderna surgida como línea de división de una verdadera separación de posiciones antagónicas crecientes y que por su sola posición geográfica coincidente con el avance de cambios tomar medidas que la remarquen puede resultar en perder un tren de unidad que la situación planetaria por si sola forzara (es inevitable). América entre dos trincheras acuáticas queda resguardada de los conflictos anacrónicos europeos y de las cruzadas en reversa. La población brasileña cristiana es inmensa en tamaño y en ejercicio de la fe.
El futuro de Brasil podría haber sido brillante pero por ahora sólo apunta con suerte a bueno opacado por las fricciones inútiles de ejercitar la continuidad de un pasado que ya había mostrado tendencias al declive.
La corriente de las circunstancias y tendencias planetarias no es algo que un país en soledad pueda detener pero sí se puede visualizar y aprovechar o en su defecto evitar que su mayor arrastre se convierta en una componente en reversa para el progreso. Claramente el orden de Brasil está limitado por la división política (no evitada) y por las cuotas cedidas a los microestados con su terrorífica justicia narco militarizada
Brasil se ha convertido en el personaje antagónico del film Brazil, donde la intangible esperanza paradisíaca opuesta al oprimente estado burocrático expuesto sería ese Brazil representado por la esperanza y la felicidad apenas vislumbrada a través de un tema musical de ondulante alegría e incesante acompañamiento. A 40 años del estreno de Brazil, podríamos estar descubriendo que ese personaje principal representado por la una burocracia agobiante era BraXil.
Un BraXil lleno de huevos de serpiente ya casi intocables esparcidos dentro de un territorio con dos cosmovisiones diametrales y dichos huevos tienen su eclosión asegurada ante la ausencia de cualquier estrategia que no sea conjunta por parte del exterior autodenominado de Orden y progreso.
Un BraXil reforzando un límite innecesario de una Tordesillas anacrónica.
Un BraXil evitando el brillo sólo para tomar la vestimenta colorida de las indecisiones.
Lula se ha empecinado en embestir las corrientes cargando a Brasil de inoportunidades y componentes inútiles y contrariantes. Su única suma contundente, el acuerdo Mercosur-Europa en los instantes previos en que Europa puede desaparecer o convertirse en un ávido reclamante de alimentos.
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