Por Paul Battistón.-
El progreso más deslumbrante, la mayor libertad de inventiva (sin frenos éticos), el comercio más desaforado se concentra hoy en una nación que ha preservado su conducción desconectada de cualquier libertad de elección. La democracia no es su mérito.
Su éxito reafirma su intención aplastante de aplastar cualquier idea absurda de que el poder podría ser librado al azar de las estadísticas. El recuerdo de aplastar Tiananmen podría suponerse como la corrección necesaria para que China no se saliera del rumbo que la condujo a su actual estado ¿Mao el conductor del pueblo, habría estado frente a los tanques?
El mayor poder se concentra bajo el nombre apropiado a todo un continente, América. Una apropiación simbólica que ha alcanzado el momento en que la agitación mundial indica en convertirla en una exclusión propiamente dicha del resto de las geografías tal como físicamente lo es. Lo que vendrá (no exactamente en confort o en deslumbrante oferta de lujos) despega de los exclusivos delirios de los creadores de seres incorpóreos. Dispuestos ellos a mover las mayores fortunas jamás imaginadas en literalmente bajar la ciencia ficción a tierra. Las superinteligencias (como Trump ha exigido que sean denominadas) están ofreciendo resultados a niveles infinitamente superiores a los que ofrecen las supercomputadoras. Están observando matemáticamente el futuro más allá de lo que el CERN haya podido alcanzar acelerando el pasado ¿Quién podría tener la integridad para extinguirlas (matarlas) si así fuera decidido, sabiéndose absolutamente superado en su intelectualidad por las mismas? ¿Sería sin consecuencias? Inevitablemente asoman las renovadas utopías, las de las tomas de decisiones llevadas a casi su perfección por una superinteligencia capaz de proceder a un análisis profundo de cualquier contexto que le sea expuesto Una verdadera contrapartida al politburó Chino y como él mismo absolutamente ajeno a las falencias introducidas por mandatos populares.
No hay porque no suponer que la rígida capacidad de la República Popular China de mantener lo popular incapaz de alcanzar las cuestiones de gobierno ha contribuido al casi constante éxito y progreso de las últimas décadas. Solo manteniendo las estúpidas ideas revolucionarias de izquierda lejos de cualquier cuestión referida a una economía racional de mercado (innecesariamente de derecha le dicen) se ha logrado semejante milagro
¿Se ha transformado la democracia en una ventana de riesgo capaz de permitir (supuesta libertad mediante) el estropicio económico con estúpidas ideas de infantilismo revolucionario?
Cuestiones superadas de desatinos y caminos erróneos renacieron bajo la corrección política. Europa se cae a pedazos, sus democracias dieron lugar a que los socialismos tapizaran de supuesta bien intencionadas acciones sus caminos a la autodestrucción. Volvieron a aceptar al lobo disfrazado de estadista, no vieron a Polonia en Crimea y abrieron las puertas a la barbarie con pasaporte de inmigración. Todo largamente advertido, hasta resulta increíble que Grecia no haya servido de lección interna a la comunidad europea. Si Grecia puso en riesgo el Euro, Francia podría exterminarlo, el cimiento de corrección y consensos en la confianza hacia la moneda podría no soportar un estigma Le Pen pero a su vez Francia no podría sobrevivir con una continuidad a lo Macron.
En el medio exacto de nuestra forma memoriosa y cartográfica de ver nuestro planeta, la siempre ausente democracia ha dejado endebles reinos entronados en la obscenidad de la riqueza y manadas sometidas a escrituras. Resulta increíble que Arabia Saudí en su opulencia acune la incapacidad de arrojar al mar a una tribu en ojotas con misiles, que presume sus aciertos de disparos sobre el “Ezeiza” árabe.
Comunidades viviendo en naciones inexistentes, aglomerados en el entramado de monarquías feudales y herencias nómades ralentizadas atrapadas en textos de otro milenio son la última instancia que ha ofrecido ese terreno siempre de democracia ausente. La versión nómade y más primitiva es la que la izquierda progresista adoptó como infección migratoria en su escalada contra la Europa democrática, el adoctrinamiento popular y las agendas wokes dieron sus resultados estadísticos en las urnas que hoy se traducen en la agitación que se pretende como absolutamente espontánea siempre camuflada tras un simple reclamo concreto (nada que no recuerde en su forma al espontáneo incendio del Chile de Piñera).
La gestación de propuestas inviables y proyectos probadamente fracasados han sido un arma más efectiva que las viejas insurgencias que pretendían desplazar democracias y gobiernos por la fuerza. Simplemente accedieron desde su esencia.
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