Por Carlos Tórtora.-

La lucha por el poder en el seno de la gestión libertaria genera situaciones realmente paradójicas. Durante la primera quincena de marzo salieron a la luz pública diversos escándalos de corrupción, de los cuales el más resonante fue la insólita contratación por la Cancillería y otras áreas del gobierno, de cursos de inglés muy caros dados por la Asociación de Cultura Inglesa, que preside María Josefina Rouillet, la esposa del Ministro de Desregulación Federico Sturzenegger. Este escándalo y otros, sin embargo, no tomaron gran vuelo público y sí lo hizo, en cambio, el que ahora envuelve al Jefe de Gabinete Manuel Adorni.

Los viajes de la esposa de Adorni, Bettina Angeletti, en avión oficial a Nueva York y Punta del Este pueden tener una derivación penal. Pero lo que llama la atención es que, sin duda, se montó un operativo mediático importante, porque enseguida empezaron a difundirse los entretelones de contrataciones sospechosas dispuestas por Adorni en su anterior cargo de vocero presidencial.

No es necesario deducir demasiado para llegar a la conclusión de que se puso en marcha un operativo para golpear a Karina Milei, jefa de Adorni y figura central del gobierno.

Culpables de buscan

Otro dato singular de la ofensiva contra Adorni es que en el entorno de Karina no identificarían claramente a sus autores. Como corresponde en cualquiera de las nuevas internas, Santiago Caputo y Patricia Bullrich encabezan la lista de sospechosos. Caputo podría tener interés en debilitar a Karina justo cuando ella acaba de consolidarse con la designación de Juan Bautista Mahiques en el Ministerio de Justicia.

En el caso de Bullrich, podría estar interesada en voltear a Adorni, que es el candidato natural de Karina para la jefatura de gobierno, cargo que la senadora ambicionaría.

Lo cierto es que con el episodio de Adorni parece abrirse la temporada alta de la interna salvaje en un gobierno cuyo impulso parece haberse detenido con la sanción de la reforma laboral.

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