Por Guillermo Cherashny.-
Nadie podía imaginar que el gobierno liberal de Milei fortaleciera los planes de asistencia con un aumento superior al de las jubilaciones y salarios. Fue una política deliberada para terminar con los piquetes y cortes de calle y hay que reconocer que tuvo éxito rotundo, porque no hubo más alteraciones del orden y también por su incidencia en el triunfo electoral de noviembre.
El problema es que se creó un mecanismo difícil de manejar, porque ya significa el 1% del PBI y crece mucho, porque se indexa por el costo de vida.
Hay un intento del gobierno con un proyecto de ley para eliminar ese aumento mensual sin mencionar en qué forma se va a actualizar. No parece una reforma urgente, porque el gobierno privilegia la reforma laboral, cuya sanción tiene pronóstico reservado por su dudosa constitucionalidad, por incluir una reforma tributaria solapada al intentar crear un fondo de asistencia laboral con el 3% de aporte por parte de los asalariados, lo que implica menos recursos para las provincias en el orden del 0,83% del PIB para pagar indemnizaciones pero el ministro de economía lo imagina como el embrión de un mercado de capitales, porque dijo que no quiere depender más de Wall Street.
En realidad los mercados internacionales le prestan al gobierno a tasas muy altas, aunque el gobierno festeja que el riesgo país bajó a 526 puntos, una proeza según el gobierno, pero Pakistán y Egipto tienen 400 puntos básicos, lo que opaca el éxito, ya que Uruguay tiene menos de 100.
Este festival de endeudamiento privado y público a estas tasas puede ser impagable si no baja rápidamente. Por eso el gobierno empezó a comprar reservas, aunque los pesos que emite los esteriliza con bonos dólar linked pero esta operatoria también tiene un limite de tiempo, aunque hasta ahora el gobierno zafa.
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