Por Juan José de Guzmán.-
La segunda muerte de Favaloro
Cuentan los duendes que habitan la Fundación, que el Doctor Favaloro hubo despertado de su largo sueño, preguntando qué sucedió durante sus años de ausencia, si gobernaba aún De la Rúa, a quien le había enviado una carta que no fue contestada antes de partir. Qué fue de quienes lo sucedieron, cómo es que se habían erradicado el hambre y la pobreza y cómo se había avanzado tanto en la educación, según le acababa de contar un señor de bigotes exuberantes y apellido Fernández.
Como se cruzó en el camino con un muchacho de aspecto afable y apellido Peña, que contradijo todo lo dicho por aquel pequeño hombrecito, se detuvo para prestarle más atención. Aquel muchacho de hablar pausado y mirada serena lo retrotrajo a una cita (que sí recordaba) del genial Nano, aquella que decía que nunca era triste la verdad, que lo que no tenía era remedio.
En su larga conversación lo informó de todas las obras que se estaban haciendo (ahora sí, soterramiento del Sarmiento) y de las mejoras que su gobierno estaba llevando a cabo con “los abuelos” a quienes habían reparado históricamente. Una vez terminada aquella charla, preso de su curiosidad, se dirigió a la ANSES más cercana de incógnito para averiguar a cuánto había llegado la suya. Una vez que un tal Basavilbaso le hubiera informado el monto (RIPTE mediante) regresó (cabizbajo) a la Fundación, tras el negativo impacto en la institución que cuida de los mayores. No bien ingresó, se detuvo ante unas pantallas de TV que hay en la recepción. Ellas mostraban unas bitácoras escritas en cuadernos Gloria, que hablaban de bolsos llenos de dólares, que pertenecían a un chofer de nombre Centeno, que era quien los distribuía, de manera Baratta. Un sudor helado le corrió por las sienes, pensó que tan sólo uno de esos bolsos hubiera bastado para evitar su partida. Fue entonces que tras el baño de realidad, René se encaminó resueltamente hacia la oficina del presidente de la Fundación y se encerró. Se escuchó un disparo. Su última reflexión quedó flotando en el ambiente: «Ser honesto en esta sociedad insensible y corrupta tiene su precio» y volvió a partir.
El 29 de julio se cumplieron 24 años del suicidio del doctor Favaloro, un verdadero prócer nacional, y este 3 de diciembre que se conmemoró un nuevo “día del médico” hubiera estado bien que se hubiera recordado al insigne René.
04/12/2025 a las 4:26 PM
Juan José, una triste anécdota en la historia Argentina.
Un hombre que dió todo lo que cosechó en sabiduría para compartirla con la humildad de los grandes con los más débiles.
Conducta intachable, » Un verdadero Procer Nacional»
Gracias, Gracias!!
04/12/2025 a las 9:40 PM
Pero en la sociedad pesan más los Grabios, la Bullrich, la Ripoll, Del Caño. Bregman, la Limones, ahora las «Feministas y Feministos» haciéndose cruces porque un diputado dijo que «esta buena la peruca» como si eso fuera un insulto para decapìtar al que lo dijo. Ese es el nivel Don René que hemos sabido construir. Sus ejemplos no han servido de nada. Preferimos a Barrabás que a Cristo.
05/12/2025 a las 12:18 AM
FELICITAMOS A DON GUZMAN POR RECORDARLO !!
LA OBRA QUE DEJO RENE FAVALORO, LA VALORAMOS TODOS AQUELLOS QUE PASAMOS POR ESA INSTITUCION.
ES DE UN VALOR INCONMENSURABLE.
SIEMPRE PERMANECE EN LA MEMORIA DE LOS ARGENTINOS DE BIEN.
SIEMPRE SU MUERTE, SERA UNA VERGUENZA PARA LOS POLITICOS MISERABLES Y DE POCA MONTA QUE TUVO Y TIENE ESTE PAIS.
SOLO NOS QUEDA DAR GRACIAS POR SU EXISTENCIA Y QUE ESTA HUBIERA TENIDO SU ORIGEN EN ARGENTINA, NO DEJA DE SER UN
ORGULLO NACIONAL.
ES HORA DE UN RECONOCIMIENTO OFICIAL A SU
OBRA Y HONRAR SU MEMORIA CON UNA ESTATUA
O UNA CALLE QUE LO RECUERDE.
05/12/2025 a las 1:12 AM
Sin dudas, yo envié más de una Carta pidiendo eso, que alguna avenida importante lleve su nombre y se me ocurrió que bien podía ser la Avenida Díaz Velez que es la continuación de Avenida San Martín (el prócer más venerado por René), que en el Cid Campeador cambia de nombre.
Casi que podría ser el mejor homenaje que la Ciudad podría ofrecer a estos dos próceres de la Patria, el General San Martín y el Profesor René Favaloro.
05/12/2025 a las 7:01 AM
Todos morimos dos veces, la primera muerte es la del cuerpo aunque la muerte definitiva se produce cuando muere la última persona que nos recordaba con cariño.
No es desacertada la propuesta del señor de Guzmán pero hay que tener en cuenta que el Dr. Favaloro aborrecía los elogios y homenajes a su persona.
Dijo claramente: «Nunca recibí distinciones a título personal. Para mí el ‘nosotros’ siempre estuvo por encima del ‘yo'» (De la conferencia “Marginalidad y pobreza de cara al tercer milenio”, Universidad del Litoral, 1997)
Es su última carta expresó: «Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa».
«Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles».
Sus deseos eran claros: No quería homenajes ni en vida ni después de muerto.
05/12/2025 a las 8:56 AM
Tampoco los quiso San Martín y eso no fue óbice para venerarlo, eternamente.
05/12/2025 a las 6:13 PM
Sr. Juan José
Una nota para la mesita de luz.
Modelos como esos no vienen más.
Para abundar solo basta recordar las «hazañas» de anoche en la legislatura de la provincia de Bs. As. (Caso BAPRO).
La segunda «hazaña» de la Srta. Villarruel con su aumento del día de la fecha.
La tercera, la jura de los Diputados y su horroroso comportamiento.
La cuarta… y siguientes….. excluídas por auto censura.