Por Carlos Tórtora.-

La baja del riesgo país y la probable vuelta a los mercados se convirtió en el principal caballito de batalla del gobierno, que por supuesto omite decir que la baja en cuestión favorece a muchos mercados emergentes y se debe a la suba del riesgo en los países más desarrollados. Tampoco reconoce Luis Caputo que las buenas noticias financieras no traen por ahora alivio alguno al estancamiento de la economía y la baja de la recaudación. En fin, si se sancionara la reforma laboral Javier Milei podría consolidar más la baja del riesgo.

Pero los indicadores de la realidad indican que los avances del presidente se dan exclusivamente en el plano financiero. En todo lo demás, pero especialmente en lo político, el gobierno está retrocediendo. Para empezar, Milei intentó ubicarse en un papel estelar en la crisis venezolana convirtiéndose en el padrino de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia para su inmediato acceso al poder, pero Donald Trump lo planchó sin miramientos. Luego, el recrudecimiento del enfrentamiento entre Lula y Milei profundizó el aislamiento de éste de las principales cancillerías latinoamericanas, como México y Colombia, y la gran alianza de la derecha sudamericana anunciada por el libertario sigue estando verde.

Perdiendo la iniciativa

En lo interno, el efecto 26-O ya se diluyó por completo y la imagen negativa de Milei vuelve a crecer fuerte. El grave error cometido al ponerse a bailar con Fátima Flórez cuando se estaban incendiando miles de kilómetros de bosques, nos retrotrajo a la peor versión de Milei.

A todo esto, con la excepción de Luis Caputo la gestión de gobierno se encuentra semi paralizada y no hay protagonismo de los ministros que en su mayoría ni siquiera hacen anuncios.

En el Congreso, el quite de colaboración al gobierno de varios gobernadores para derogar las leyes de financiamiento universitario y emergencia en discapacidad dejó un mensaje claro. Muchos gobernadores acuerdan con Diego Santilli pero a la hora de votar le ponen límites a lo que acuerdan.

Otra señal inquietante es que el PRO, un aliado todavía necesario de Milei, navega en un limbo en el que no se sabe si volverá a ser un aliado confiable o no.

También hay que mencionar que el enfrentamiento con Paolo Rocca, si bien es taquillero, va profundizando las heridas y la tensión con el Círculo Rojo.

Un último factor político negativo es que el peronismo, sumido en una interna interminable entre cristinistas y axelistas, no parece dar señales de quebrarse, como esperaba Milei para asegurarse su reelección.

En síntesis, el repunte financiero del gobierno tiene como contrapartida un declive político.

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