Por Luis Alejandro Rizzi.-

En el año 1957 la Corte Suprema del país resolvía el caso “Colalillo” declarando que, “en el caso de autos, la sentencia que rechaza la demanda omite toda consideración del documento oficial agregado a fs. 66, por razón de la oportunidad de su incorporación al juicio. Y aun cuando la solución del pleito puede depender de la existencia y autenticidad de la licencia en cuestión, el fallo se limita a comprobar la extemporaneidad de su presentación”.

En otro párrafo, la Corte decía: “porque la renuncia consciente a la verdad es incompatible con el servicio de la justicia.”

Vale esta consideración para ponderar la posible consecuencia que podrían tener declaraciones de Milei y del gobierno sobre el fallo de la Cámara de Apelaciones del Distrito Sur de Nueva York que revocó la condena a la Argentina por no haber hecho a los accionistas minoritarios una oferta de compra, en las mismas condiciones en que se expropió el 51%, que finalizó en un pago de cinco mil millones de dólares.

Cuando Milei dijo que tuvo que arreglar “la cagada de Kicillof de expropiar YPF” estaba reconociendo que esa expropiación fue ilegal y además la equiparó a un “robo”.

Es obvio que sería un argumento válido para pedir la anulación de la sentencia, ya que el propio Presidente de la Nación reconoció que esa expropiación fue ilegal, eso significa “una cagada”.

En Argentina, si se aplicara la “doctrina del fallo”, convertiría a la sentencia en “arbitraria”, no ya por no haber hecho una oferta de compra a los accionistas minoritarios, sino porque la causa de la expropiación sería ilegitima.

La fanfarronería suele generar costos.

Es posible que con ese argumento se llegue a la misma solución, la inviabilidad de la demanda del fondo Burford, ya que una falsa causa no puede ser fuente de derecho.

De todos modos, quedaría un resquicio; nadie puede ser obligado a ser socio del estado.

Milei y el gobierno, en definitiva, parecería estar más de acuerdo con el voto de la minoría, que respeta los derechos privados de propiedad.

Otra historia es la que hay detrás del fondo Burford, que se mantiene oculta.

Carlos Fara así comienza su nota de ayer en Perfil: “Una vez más, cuando la pelota estaba por entrar al arco, apareció Super Trump (que no es un grupo musical) y despejó la situación. No cualquiera tiene el teléfono de Dios; éste lo atiende y satisface la demanda del que llama. Pero como Dios es argentino, a veces sucede. “Es Argentina, no lo entenderías”. “Pero Fara, ¡no fue Trump, fue la Justicia!” ¿En serio? ¡Qué maravillosa casualidad!”

No hay duda, como decíamos ayer, fue un fallo “trabajado”.

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