Por Carlos Tórtora.-

Como es obvio, las elecciones brasileñas están lejos todavía de una definición. Los dos puntos de ventaja que ayer obtuvo Flavio Bolsonaro le permiten ser optimista para la segunda vuelta del 25, pero nada más. Una victoria de Lula Da Silva tampoco sería impensable. La repercusión de lo de ayer en la política doméstica es bastante previsible. No habría que extrañarse de que Javier Milei festeje a cuenta con la intención de revertir la oleada de indicadores negativos que está abrumando a su gobierno.

El presidente intentaría usar esta victoria provisoria de la derecha brasileña para tratar de convencer a los gobernadores dialoguistas de que apoyen en el Congreso la suspensión de las PASO. También intentaría el gobierno que la bandera de Bolsonaro impulse un rebote de la imagen positiva del oficialismo. En definitiva, los números de ayer son la única buena noticia que ha tenido Milei en las últimas semanas. Pero está claro que, si Bolsonaro llega a la presidencia, pasaría automáticamente a ser el jefe de la derecha latinoamericana y Milei se convertiría entonces en una figura secundaria.

Mientras tanto y en forma inesperada, un nubarrón oscureció la marcha del gobierno. Hubo una fuerte reacción popular contra el fallo de la Corte Suprema que revocó el fallo de cámara que declaró inconstitucional el artículo 154 del Decreto 70/23, que a su vez derogó la ley 27737 de Tierras Rurales.

Bastante descolocados por haberse olvidado de intentar rechazar el megadecreto, lo que hubiera implicado su derogación, los diputados de Unión por la Patria y otras fuerzas dieron el paso al frente para pedir una sesión especial que se celebraría el 15 para tratar la derogación de la norma. El gobierno necesita impedir que esto ocurra, porque entonces se discutiría si vuelven a estar vigentes docenas de leyes derogadas por el 70/23. Semejante tembladeral podría dejar al gobierno muy mal parado ante los mercados y afectar la ya deteriorada gestión de Luis Caputo.

Milei malherido sería el mejor rival

Esta situación viene a cuento del extraño posicionamiento que hoy tiene la mayoría de la oposición y, sobre todo, los diputados del PJ. Éstos están ante un serio dilema. Por un lado, la dirigencia peronista necesita crecer como oposición y consolidar su base de votos, en parte afectada por la competencia de Myriam Bregman. Pero por otro lado, si precipitan aún más el deterioro ya muy importante de Milei, estarían favoreciendo las chances de que el Círculo Rojo se incline totalmente por la candidatura presidencial de Patricia Bullrich. Y la senadora promete ser una rival electoral más difícil que el presidente. Para empezar, ella no sufre el impresionante desgaste que afecta a Milei. Pero además, ella es de origen peronista y puede tantear conseguir votos por ese lado. En fin, sería entonces mucho más difícil ganarle la elección del año que viene a Bullrich que a un anémico presidente.

La conclusión es obvia: al peronismo le conviene que el candidato sea un Milei en pésimas condiciones y no una Bullrich resplandeciente. Podría interpretarse en este sentido los largos silencios de Cristina, que hace un tiempo denostaba al gobierno todas las semanas. También Axel Kicillof se muestra medido en sus críticas y Sergio Massa jamás criticó a Milei, al cual estuvo asociado. Haciendo lógicas piruetas para disimular, José Mayans en el Senado y Germán Martínez en Diputados también se ocupan de no golpear seriamente al presidente.

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