Por Carlos Tórtora.-

El gobierno gastó toda su artillería mediática para tratar de instalar una imagen de normalidad política y las buenas expectativas alentadas por la mejoría de algunos números de la macro. Pero el fracaso es estrepitoso: la mejoría de la macro no parece disminuir en modo alguno el pesimismo reinante por la imparable recesión y la caída del consumo y del empleo. En lo político, el clima de crisis irresuelta es el dato dominante. Anteayer Patricia Bullrich le recordó a Milei que está dispuesta a profundizar su rol de disidente de LLA.

La senadora expuso su objeción de conciencia a la orden impartida por los Milei para retirar del Senado el pliego de la jueza María Verónica Michelli, propuesta para integrar el Tribunal Criminal Federal Número 3 de La Plata. Es que Michelli es cuñada de uno de los periodistas maldecidos por Milei, Hugo Alconada Mon.

Lo que extraña a esta altura no es la postura de Bullrich, que está lanzada a ser la gran esperanza de la derecha para el 2027, sino la aparente serenidad de Milei, que elude chocar con ella y se hace el distraído ante cada disidencia.

Tanta prudencia por parte de un presidente imprudente requiere una explicación. Los Milei estarían tratando de postergar al máximo su ruptura con Bullrich por temor a que ésta fracture el bloque oficialista de senadores nacionales.

LLA cuenta sólo con seis senadores pero el interbloque oficialista cuenta con 21 bancas.

La senadora está muy ligada al vicepresidente provisional del cuerpo, el puntano Bartolomé Abdala, al jefe de la bancada libertaria, Ezequiel Atauche y la cordobesa Carmen Álvarez Rivero. Entre los aliados, Luis Juez puede considerarse un bullrichista y días atrás pidió públicamente la renuncia de Manuel Adorni.

También habría que contar como bullrichista a Martín Goerling Lara, del PRO y misionero. Una ruptura del bloque que involucrara a los nombrados sería suficiente como para paralizar el tratamiento de la casi totalidad de los proyectos de leyes enviados por Milei, incluyendo la reforma electoral. La crisis del oficialismo en el Senado se haría sentir entonces en los mercados, muy sensibles a las variaciones de gobernabilidad de Milei. Y ni que hablar de lo que pasaría si aparece un grupo de diputados bullrichistas.

El disparador

Sobran indicios de que la presentación por Adorni de su declaración jurada podría disparar el rechazo de Bullrich y su portazo final. Lo más probable es que la declaración sea un rosario de operaciones a todas luces fraudulentas e inverosímiles, inaceptables para cualquier fiscal. Por lo menos esto es lo que ya se sospecha en el entorno presidencial, donde ya hay señales de que Adorni, acorralado, cada vez estaría más fuera de control.

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