Por Carlos Tórtora.-

Lo que vinimos adelantando en la última semana se está cumpliendo. Una disidencia permanente como la de Patricia Bullrich no es tolerable para un presidente altamente autoritario como Javier Milei. La ruptura es entonces inevitable y surgen las preguntas y la primera es cuándo.

En el entorno de la senadora se comenta que ésta daría el portazo ni bien Manuel Adorni presente su esperada declaración jurada, esto es a mediados de este mes. La declaración en cuestión, por lo que trascendió, consistiría en un cúmulo de mutuos sospechosos y ganancias inverosímiles de la esposa de Adorni. En síntesis, un conjunto de indicios suficientes para reforzar la presunción del enriquecimiento ilícito.

Este marco le daría mayor espectacularidad a la ruptura de Bullrich.

Por un capricho del destino, al mismo tiempo que la senadora espera la declaración jurada de Adorni para levantar campamento, éste pretende pasar esa prueba de fuego y atornillarse en el poder hasta diciembre del 2027. En efecto, si pasara los escollos de la eventual citación a indagatoria y la declaración, el jefe de gabinete se consideraría blindado para resistir en su cargo.

Manotazos

La segunda pregunta es qué alcances tendría el enfrentamiento entre el presidente y la senadora. No cabe esperar que en lo inmediato haya una multitud de libertarios que se conviertan en bullrichistas.

Pero si el gobierno vuelve a caer en las encuestas es probable que la migración empiece. Por lo pronto, la fractura de los bloques de senadores y diputados está a la vuelta de la esquina y la paralización del Congreso también.

La tercera pregunta que podemos hacernos es si esta crisis que recién se inicia puede liquidarle a Milei su reelección. Si Bullrich consigue estabilizarse en las encuestas por encima del presidente, no hay duda de que buena parte de la dirigencia política y del círculo rojo irían abandonando la Casa Rosada. Los Milei ya empezaron a desparramar promesas generosas, como la hecha a varios gobernadores en el sentido de que ellos serían los candidatos del oficialismo en el 2027. Pero las dudas serían cada vez más importantes: ¿cuánto valen las promesas de un presidente al que se le escurren los votos? Y, ¿qué garantías de cumplimiento hay cuando Milei viene incumpliendo sistemáticamente todos los acuerdos políticos que hace?

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