Por Carlos Tórtora.-
Aunque con grandes dificultades, Javier Milei está consiguiendo montar una contraofensiva política que tiene objetivos inmediatos. El principal es convencer a la dirigencia política y al círculo rojo de que él está en condiciones de ganar su reelección porque los indicadores están mejorando. Esto se basa en los siguientes datos: algunas encuestas muestran un ligero repunte de Milei luego de la impresionante caída de febrero, marzo y abril. Además, el riesgo país bajó y hubo pequeñas señales de reactivación en algunas actividades. Pero frente a esto se acumulan otros indicios.
La estadística de la OCDE sobre la inversión extranjera en la Argentina es lapidaria. Entre los principales países de la región estamos últimos, con apenas US$ 3134 millones. En una insólita respuesta, Luis Caputo contestó que hacen falta muchos años de continuidad para que vengan inversiones.
Por otra parte, el consumo volvió a caer en abril un 3,4% en la comparación interanual.
En el ámbito externo, los mensajes que el FMI le hizo llegar a la Casa Rosada en la última quincena no dejan lugar a dudas. El organismo señaló que la política cambiaria es insuficiente, que las estadísticas del INDEC no son fiables, que el equilibrio fiscal no es real y que los funcionarios deben cumplir con los controles anticorrupción y presentar sus declaraciones juradas, en una insólita alusión a Manuel Adorni.
Por último, una señal empresaria importante. Eduardo Elzstain, dueño de IRSA y anfitrión de Milei en el Hotel Libertador, se despegó seriamente del gobierno: homenajeó en La Rural al periodismo y a la libertad de Prensa, desconcertando así a la cúpula libertaria.
Tal vez la última oportunidad
En lo estratégico, es obvio que el operativo del gobierno apunta a restaurar la credibilidad en la reelección, ante el riesgo concreto de que haya una corrida hacia el despacho de Patricia Bullrich y que la economía se paralice cada vez más ante la incertidumbre electoral.
Pero Milei tiene un objetivo táctico que no es menor: destrabar en el Senado la reforma electoral, que le permitiría tener mejores chances de ser reelecto. Para esto, Diego Santilli en los últimos días a varios gobernadores modificar el proyecto oficial aceptando que haya primarias no obligatorias, es decir según decida cada partido político.
Pero una de las variantes que se están estudiando es imponer requisitos muy exigentes para que un partido pueda realizar primarias. Por ejemplo, la preinscripción del 10% de los electores. Por este camino el gobierno estaría más cerca de lograr su objetivo, es decir, que la oposición no pueda encauzar sus conflictos internos a través de las primarias. Y ni que hablar de la introducción del casillero de lista completa en la boleta única, pensado para sumarle votos a Milei.
Los gobernadores, el PRO y la UCR están jugando al truco con el gobierno. Conversan y ganan tiempo mientras esperan las próximas encuestas y que se sepa si Milei se sigue derrumbando o la reelección es todavía posible. Y obviamente, todos miran el desenlace del caso Adorni. Si hay derrumbe, la reforma electoral quedaría archivada.
Pero hay un factor más que gravita y es el factor Bullrich. Karina sospecharía que la senadora, que maneja los hilos del oficialismo en el Senado, podría estar tejiendo silenciosamente en contra de la reforma. La razón sería obvia: con reforma electoral Milei se fortalecería y disminuiría las chances presidenciales de ella.
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