La Constitución chilena

El rechazo popular en Chile al proyecto de nueva constitución, nos interpela.

Por cierto, se trataba de una Carta que nació vieja. Con ampulosas recitaciones de nuevos derechos que para ser efectivizados requieren, como parece ser costumbre, de la violación de derechos previos de mayor calado. Un “contrato social” más restrictivo de la propiedad y de las libertades contractuales en general; vale decir, aún más frenador de inversiones que el actual en tanto más repartidor coercitivo de lo ajeno. Y retrógrado en cuanto a encuadre civilizador sobre enquistes sociales violentos, apologistas de atrasadas costumbres precolombinas.

En suma, otra constitución voluntarista e intervencionista favorecedora del pobrismo, a ser evitada.

El mensaje que nos compete y que como argentinos deberíamos procesar es que las personas que protestaron en las calles chilenas a partir de Octubre del 2019 (nueva clase media, hace 30 años casi inexistente), en su mayoría querían participar más del avance económico logrado desde la dictadura de Pinochet y su Constitución (aprobada en plebiscito, vale recordarlo). En modo alguno ralentizar ni detener ese progreso; mucho menos revertirlo.

Claro que para lograr el objetivo de real igualdad de oportunidades de mejora para todos lo antes posible con respeto a las normas fundantes de la civilización occidental el camino racional era, en todo caso, una constitución más de avanzada; más audaz y de mayor vuelo intelectual: más capitalista, no más comunista-indigenista. Giro perspicaz que la constituyente no logró plasmar.

De Suiza a Singapur pasando por Irlanda, hace tiempo se demostró que más libertades e inversión privada (no existe tal cosa como “inversión pública”, sólo gasto poco eficiente) con menos impuestos conducen por línea directa al aumento de los ingresos reales -por emprendedorismo y tasa de capitalización- de toda la población. Así como se demostró hace tiempo, de la dictadura cubana a la de Corea del Norte pasando por la venezolana, que más Estado planificador conduce por línea directa (sangre, censura y torturas mediante) a la caída de ingresos reales y derechos humanos de toda la población con excepción de los de sus reducidas nomenklaturas.

Los sistemas esclavistas (estatistas) de sumisión tributaria como el que pretende imponernos el peronismo, no funcionan. No, al menos, para mejorar la igualdad de oportunidades y por ende la económica para los estratos más (por ellos) empobrecidos. Mucho menos para generar verdadera riqueza comunitaria extendida. Sí funcionan, y muy bien, para la reducción del pueblo a la servidumbre clientelar en beneficio directo de las 3 oligarquías mafiosas que hoy cabalgan sobre nuestra Argentina, cual jinetes del apocalipsis rumbo al averno: la oligarquía política fiscalista (incluyendo a los líderes planeros), la sindical y la de los empresaurios amigos; un trío hermanado en el terrible daño social de lo mal habido.

El gran Juan Bautista Alberdi no se equivocaba: brindemos protección constitucional a la libertad más plena en todo sentido y lo demás se nos dará por añadidura. Pocas y poderosas normas fundantes que aseguren más empresarialidad en abierta competencia relacionándose contractualmente. Y menos Estado “iluminado” y coactivo estorbando a gran escala la movilidad social ascendente con altos impuestos discriminantes, subsidios y reglas distorsivas, clientelismo, negociados seriales, costosos monopolios minados de nepotismo y más empleo público.

El rechazo de los ciudadanos chilenos debería difundirse aquí con la potencia y por los canales adecuados a fin de llamar a la reflexión a nuestra población “apolítica”. Nos referimos a ese gran número de personas carentes de convicciones que terminan inclinando la balanza electoral sin contar con una visión de conjunto ni valores éticos racionalmente fundados. Ciudadanía de sufragio volátil; sólo interesada en sustento de corto plazo, motivaciones de momento y recreación liviana. Gente las más de las veces ignorante y fatua (y como tal, influenciable) víctima, claro, de nuestro orwelliano adoctrinamiento izquierdista.

¿Quisieran por ventura en las próximas elecciones, esta vez, poner unas fichas a la cultura del respeto a los proyectos de vida ajenos, del mérito y sobre todo de la protección efectiva de la propiedad para encarar en serio el progreso económico (así como moral y cultural) de largo plazo?

Si la respuesta a tales interrogantes fuera si, les sería útil entonces imitar los modos de acción para el progreso de nuestros vecinos de Chile. Ejemplo de protesta en dura rebeldía y posterior decisión ciudadana. Apoyando al político de su agrado… que más en contra esté del intervencionismo dirigista.

Justo J. Watson

www.libertadynoviolencia.blogspot.com

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