Por Luis Alejandro Rizzi.-
“Falta de cultura o civilidad, fiereza o crueldad”, tales las acepciones de la palabra y en ese sentido califico a este gobierno.
Milei y su equipo tienen un hilo común: es su incultura y su incivilidad, a lo que se agrega su crueldad y fiereza, disfrazada de un concepto chabacano de la ironía y el humor.
El humor es una cualidad de jovialidad, de cultura; el inculto, como Milei y su gente, lo confunde y cae en la “grosería y la burla”.
Pues bien, Milei es grosero y burlón. Un signo de sadismo que sustituye la alegría de la persuasión, por el placer que genera la injuria al otro.
En medio de los graves incendios de la Patagonia, donde la Nación, virtualmente “se borró”, cantando en un teatro de Mar del Plata con la que fue ¿su ex pareja?, para mantener el posible falso superávit fiscal, que como piensa Hernán Lacunza, si se sumaran los intereses devengados, sería altamente deficitario.
Sólo la grosería y la burla pueden tapar esas falacias sobre la situación fiscal en un programa económico financiero que sólo tiene por objetivo rolear la deuda, expresión cabal de lo que es Luis Caputo, un hábil “trader”, cuyo malabarismo es muchos más rentable del que practican algunos desahuciados para ganarse unos mangos en las esquinas cuando los semáforos cortan el tránsito.
Se beneficia un segmento social de un 10%, al que este sistema les permite tener una vida de fantasías en medio de una sociedad que se empobrece día a día.
“La única forma de crecer es sirviendo al prójimo con bienes de mejor calidad a un menor precio. Aquellos que tienen productos más caros y de menor calidad no son dignos del favor del mercado y, si quieren hacerlo por la fuerza con negocios turbios con el Estado, deben desaparecer e ir a la quiebra”.
Esta expresión de Milei es una prueba cabal de su barbarie, porque cabe presumir que lo mismo piensa de la gente que recibió menos bienes naturales que otros; estos “menos favorecidos”. ¿deberían morir?
Ya lo expliqué en dos notas anteriores; el tema de “los tubos caros” y de “Don Chatarrín”, es probable que se deba al proteccionismo de terceros que de ese modo garantizan su fuente de trabajo y una tramposa prevalencia comercial.
Estamos gobernados por una “banda” que ni califica para “snob”, que vive del “chatgpt”.
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