Por Carlos Tórtora.-

Patricia Bullrich realizó su enésima disidencia con Javier Milei al anunciar que votará en contra de la fiscal Susana Pernas, candidata ahora a Fiscal General y que fue la que intervino en el caso Chocobar.

Para empezar, lo que se advierte es que la senadora está aumentando la cantidad y la frecuencia de sus disidencias en una escalada con un final previsible.

Días atrás, ella se sinceró en un diálogo con Roberto Funes y dijo que no le quedaba mucho tiempo para definir si será candidata a presidenta.

Las actuales tendencias confirman que es así.

Para empezar, el cerrojo impuesto por Karina Milei se va ajustando día a día. Bullrich continúa siendo la jefa del bloque de LLA pero su rol es cada vez más simbólico. Quedó excluida de las reuniones sobre el presupuesto y Diego Santilli la bloquea en la negociación de la reforma electoral, porque la acusan de sabotear el proyecto. En el manejo interno del bloque, es la neuquina Nadia Márquez la que lleva la voz cantante y trae las instrucciones de Karina. En resumidas cuentas, Bullrich está tan bloqueada como Victoria Villarruel y su peso político y mediático está fuera del Senado.

Resulta obvio que, entre sonrisas y frases humorísticas, los Milei la están desactivando.

En medio de las tensiones, en los últimos días circuló la hipótesis de que Bullrich podría romper a medias. Esto es, competir con Milei por la candidatura, pero en una PASO de LLA. Sin embargo, los conocedores del armado político sostienen que esto sería suicida para la senadora. En una primaria, desde la Junta Electoral hasta el resto de los resortes de poder de LLA estarían en manos de incondicionales de Karina y Bullrich llevaría las de perder.

Las razones

Hay entonces varios motivos por los cuales Bullrich aceleraría su ruptura. Para empezar, si continúa profundizándose la recesión, antes de fin de año Milei bajaría del 30% de apoyo que hoy detenta en las encuestas. Si Bullrich no rompe antes, podría interpretarse que sólo enfrentó al presidente cuando éste ya estaba caído.

La segunda razón está en las fechas electorales. Si el oficialismo no consigue voltear las PASO en el Congreso, habrá entonces primarias en agosto y las listas de precandidatos se inscribirán en junio. O sea que quedarían sólo ocho meses para montar un armado electoral en todo el país.

Tercero, la pulseada entre Milei y Bullrich se estaría espejando en la interna de la Casa Blanca. Milei y Luis Caputo cuentan con la adhesión incondicional del embajador Peter Lamelas y, lo que es más importante, con el apoyo de Scott Bessent. El Secretario de Estado Marco Rubio se inclinaría en cambio por el mileísmo sin Milei. Si Bullrich dilata mucho su definición, en Washington podría imponerse la idea de que la única carta disponible es Milei.

Por último, también cuenta la evolución de la oposición. Aunque no lo proclamen, son muchos los dirigentes de la UCR y del PRO y de muchas gobernaciones que están expectantes de que Bullrich cruce el Rubicón. Si no lo hace pronto, se pondrían en marcha otros armados opositores.

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