Por Italo Pallotti.-
En esta Argentina nuestra, tan particular, tan acostumbrada a los sinsabores, encuentra de pronto alguna ventana que se abre para sacar a los seres humanos una pizca de emociones de modo especial. Una secuencia donde se conjugan recuerdos de un pasado, quizás no tan lleno de esplendor, con una trayectoria que deja la historia, hasta un final donde todo se enmarca en la plenitud de un regocijo general. Una estampida de sensaciones gratificantes. Un caudal donde el espíritu de una inmensa mayoría pasa a formar parte de una singular expresión de alegría colectiva.
Su nombre dirá para los tiempos por venir: Lionel Andrés Messi Cuccitini. Un personaje destinado a formar parte del libro de excelencia total en el deporte futbolístico. A generar una superlativa euforia mundial plagada de récords. De esa pléyade de firmamento con estrellas perpetuas. Con la imagen lúcida, brillante e impoluta de brillo, sin buscarlo exprofeso, sino naturalmente expuesto con una vida plena dedicada a sobresalir en la actividad elegida. Puede ostentar esa calificación en un ranking que la memoria trae de inmediato, junto a otros de la talla de Fangio, De Vicenzo, Ginóbili, Vilas, Luciana Aymar, Gabriela Sabattini, y seguramente algunos que la memoria omite, capaces de sostener una meritocracia expuesta por disciplina, esfuerzo, y principios de racionalidad plena. Alejados del escándalo que martilla y destruye no sólo la trayectoria, sino la propia vida personal, Los entornos, en tantos casos, opacaron, lo conseguido con grandes esfuerzos.
La infancia, con grandes sacrificios por aquel desafortunado problema de crecimiento lo alejaron de su núcleo familiar pleno; pero que seguramente en su interior hizo germinar la semilla del esfuerzo para superar algo que la naturaleza insinuaba negarle. La ciencia y su constancia en el tratamiento para revertir esa circunstancia, han sido, de seguro, fundamentales para abrirle los caminos de la constancia y la compresión que el esfuerzo da solidez a las decisiones por conseguir objetivos. Para destronar incertidumbres. Ese planteo daba el puntapié para el hombre que el futuro señalaría como la antesala de las grandes decisiones a tomar. Su familia, fue la que marcaría el incondicional apoyo que toda persona de bien aspira para las decisiones de su vida. El talento, solo no basta; sin este refugio de contacto afectivo, las decisiones suelen ser desprolijas, carente de señales de virtuosismo, de calidad humana. El consejo oportuno, el apoyo moral, hacen el resto.
Cuando la figura del jugador se afianza en él, surgen a borbotones, como en una usina mágica, los ribetes sobresalientes de lo antedicho. Una sensación de matices increíbles van moldeando al creador de mil gambetas, de las estrategias para resolver cada jugada, del instinto cerebral para diseñar, con perfección de arquitecto sobre el césped, cada movimiento; para coadyuvar al éxito de cada individualidad y por añadidura la del conjunto. La precisión de cada pase, un lujo pocas veces regalado a los ojos del hincha, coronaron cada movimiento, cada pase. Los tiros libres, de precisión milimétrica brindaron un goce especial; propio de los elegidos. De pura magia.
Entonces, cuando se llega a la cima, cuando ya nada queda por conseguir, en cualquier disciplina, comienza a vislumbrarse la figura del que construyó desde muy abajo las virtudes para aspirar a ser considerado el mejor.
Porque si algo exalta y enaltece esa calificación es porque tuvo un estado de resiliencia inquebrantable que le permitió sobreponerse a las dificultades y la crítica que los propios hinchas bajaban de las tribunas. Y algún sector del periodismo, también. Ese espacio dual. Que idolatra o sepulta en cuestión de segundos. Elogio e insulto, en la misma frecuencia. Luces y sombras están a la orden del día. Menú acostumbrado en cualquier cancha del mundo. Hubo en este fenómeno humano, fortaleza física y mental, como pocos. Está claro que por todo esto es justo decir, como se expresa en el título, “Niño, Hombre, Jugador, Ídolo. Simplemente mito”. Messi, así de breve, con justicia es considerado el mejor jugador del mundo. ¿Para qué más?
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