Por Italo Pallotti.-
En esta Argentina nuestra, esa que no podemos dejar de quererla, por múltiples razones, hay personajes y factores que se encargan meticulosamente de hacer que los mejores y los buenos vean manoseado su deseo de permanecer, por méritos propios, en una categoría de ciudadanos que se sientan orgullosos de pertenecer a esta nación. En todas las clases sociales hay una categoría de impresentables que en nada contribuyen a enaltecer las virtudes necesarias para ser considerados hombres y mujeres de bien. La falta de educación, sujeta por décadas a los más deplorables manejos fue instaurando una débil performance para ir cimentando una rara manera de incultura. La ignorancia de muchos, alejada de los medios educativos, la falta de profesionalización de los responsables de manejarlos y la base, fundamental, de una responsabilidad traída desde el hogar contribuyeron a poner un endeble piso a todo el sistema. Factores como la empatía entre pares y el esfuerzo por consolidar una sociedad libre de perjuicios permanentes estuvieron ausentes. Los valores éticos que se alejaron de la estructura familiar, por malsanas influencias de los perniciosos, fueron dinamitando la solidez de la llamada “primera escuela”.
La sociedad, envuelta en una especie de metástasis, por lo expuesto, fue presa de una anormalidad que en un comienzo pareció poco trascendente; pero terminó contaminando la mayoría de las instituciones y por consecuencia las relaciones y aspectos generales del grupo social. El sucumbir fue la respuesta obligada de un destino como grupo cívico armónico y deseoso de vivir en paz. Desde ya que la “familia” política no estuvo ausente en esta cuestión, permeable a cualquier desvío donde la conducta, los valores éticos, morales y de buenas costumbres fueron dejados de lado para pasar a una escala superior de deterioro para caer en los distintos escalones de la corrupción.
En estos días varios asuntos relacionados a lo antedicho vinieron a poner la dosis acostumbrada de la antítesis del buen gusto por parte de algunos funcionarios. El episodio protagonizado por el Diputado Juan Grabois, en un plenario de comisiones del Congreso, frente a otro colega con insultos de la mayor bajeza, con un nivel de grosería, indigno por su cargo de representatividad popular y sobre todo por el lugar de supuesto vinel de jerarquía, como es el Congreso de la Nación, nos retrotraen a lo peor de la educación y la cultura. Nada hace suponer que los que votaron a este personaje, como a otros de la misma estirpe, y a veces de distinto color político, sean deseosos que su voto para ser representado, merezca semejante oprobio. Es dable destacar que miembros de LLA se “prendieron” a este bochorno y respondieron de igual modo; aunque un poco atenuado; pero lo mismo de condenable. En otros aspectos, aunque en el mismo terreno de la incultura popular, algunos pasajes de tono insultante por parte del Presidente, habitualmente, poco dicen de la seriedad que es apetecible por quienes deben ser oyentes de estos exabruptos. Para completar el escenario, el Arzobispo García Cuerva, dijo, como si fuera novedoso para SS, que “encontrará una Argentina herida por la pobreza y la grieta”. ¡Siempre la dosis! La Iglesia para eso, es pionera. La Justicia parece mover hilos que activen el mundillo corrupto de los K. Por todo lo expresado, llevan a decir que hay personajes y hechos que sólo “llegan por llegar”. El pasado, el presente y el futuro siguen aguardando que se llegue para algo.
03/10/2026 a las 11:53 AM
Vea don Pallotti, no hay que olvidarse que este tipo, que no sirve ni para juntar soretes con pala ancha y escoba, llegó al lugar en el que repta por el voto de engendros de baja estofa de su misma especie.
El tipo está donde está porque el sistema electoral «democrático» es así entonces agua y ajo.
Si se pretende que especímenes como él o como la diputada cartonera y analfabeta funcional cuyo apellido en este momento no recuerdo no pisen más el Congreso de la Nación hay que hacer un cambio profundo que les impida postularse y mucho menos ser electos para ocupar un banca.
Es como decía Diógenes «Estoy buscando un hombre honesto» a lo que agrego: que termine de una buena vez con este circo legislativo que nos exhibe como bestias, porque lamentablemente sujetos como él y otros más son «nuestros representantes», los representante «del pueblo».
Por eso nunca mejor aplicado el refrán «la culpa no la tiene el chancho, sino quien le da de comer»
03/10/2026 a las 1:52 PM
¡Bravo comentarista «Brutal»! Pegándole al chancho aparecerá la culpa de quienes le dan de comer. Un saludo.