Por Carlos Belgrano.-

Amigos:

Una mirada contemplativa de un nuevo aniversario sobre el derrocamiento de una banda en despoblado, prácticamente en duplicidad a la actual, debe necesariamente de conducirnos a ciertas e ineludibles reflexiones.

Y que, en una primera lectura lineal, nos debería de guiar a formularnos un interrogante que, clama por ser respondido, aunque no sea en el más que, vertiginoso y profundo de los abstractos.

Para finales de marzo del 76, La Patria, estaba secuestrada por dos grupos igualmente agusanados que, eran del todo antagónicos entre sí, pese a que los unía un mismo y espurio origen.

Y, del que, la voluntad popular -como ahora y siempre- se encontraba totalmente divorciada, lo que implicó una necesaria intervención castrense, merced -sobre otros muchos- a un vacío de poder demasiado evidente.

Secuestros extorsivos, delitos urbanos y un creciente abigeato constituían la versión apolitizada del crimen.

Pero, la ideologizada por parte de los elementos disolventes superaba en mucho esa otra y que, de forma conjuntiva, tornaban un dislate corporativo a esa anarquizada y esquizofrénica Argentina.

Y, en una promisoria candidata a su desintegración territorial, tal y como, particularmente el ERP, pretendía -con apenas unos trescientos barbudos-, sobre la geografía tucumana.

Con esta fugaz semblanza, cuanto he tratado retratar ha sido que el Golpe no fue una oportunidad sino, y muy derechamente, una impostergable necesidad.

Muy a pesar que enmarcado de una abrumadora dosis de mala suerte, por cuanto los Milicos podrían haber confiado la política económica a un técnico con inclinación Nacionalista.

En vez de -por una suprema ignorancia-, habérsela ofrendado a un gerente local de la Trilateral Comission -Martínez de Hoz- en una primera fase y, ulteriormente a un puntero del First National Bank of Boston -Cavallo-.

Deviniendo ello en una malformación cancerígena de todas las vidas acribilladas por igual entre las dos mil víctimas civiles y militares por igual.

Los subversivos no perdieron muchos más de sus contingentes, pese a que la hiperinflación que hubo desembarcado con la Democracia, elevó esa cifra, primero con los relevamientos de la CONADEP a cinco mil.

Y, en virtud a los estímulos que, como condición sine qua non exigía la dirigencia Social Demócrata Alemana para el otorgamiento de jugosos subsidios, bueno, era más conveniente multiplicarlos por seis y así, arribaron a los treinta mil.

En otras palabras, La Zurda -siempre omnipresente- en todo lo pertinente para robar con la complicidad del Estado Bobo, con esta vulgar, grosera y apócrifa cifra, se apropiaron de unos cien mil millones de dólares, en estas casi tres décadas.

Y, como contrapartida y bautismo de fuego del padre de Macricio, un muy reducido grupo de Generales, a través de la incipiente cartelización de la Obra Pública, durante el Proceso, precedieron a las «Orgas», con un tanto equivalente.

Expresado en una dirección paralela, cinco Generales y dos Almirantes, a saber: Harguindeguy, Reston, Liendo, Díaz Bessone y Bussi, entre los primeros y, Massera y Lacoste en el segundo orden, concentraron todas las corruptelas durante el último Gobierno de Facto.

El resto de los Camaradas de todos ellos, no participaron de ningún contubernio tan mayúsculo ni mínimamente, depositándolos en comparación a cuanto desfalcaron los civiles desembarcados desde el 83 en adelante, como simples e inofensivos carteristas.

Esas dos y ninguna otra es la diferencia que separa a la malhadada experiencia militar y cuanto diluvió desde entonces y hasta ahora.

De resultarle al lector, un tanto complicado, por qué debe festejarse mañana, estriba en ese comparativo, ergo, precisamente, para celebrar que un peronismo igualmente perverso impune y anómalo que el actual, hace casi tres décadas fue sacado a empellones.

Y, para arribar a dicho conclusivo, baste echar una mirada a esta monumental morralla que, desde el Pacto de Olivos, ya no distingue entre Oficialismo y Oposición.

Porque uno y la otra están integrados por una misma baratura humanoide que disputan entre sí, nada más que la alternancia.

No, un futuro más promisorio, ni la desaparición de la corruptela judicial y menos aún el desequilibrio ético o estético.

Habiendo descendido tanto esa otrora escala de valores del roban pero hacen por el reduccionismo del simple: todos roban.

Y, créanme que, con un universo sufragante de veintitantos millones de pelotudos, nada cambiará ni un ápice.

Por todo ello y más, nos encontramos varados y al garete…

A 29 AÑOS DE UN INSUFICIENTE CORRECTIVO.

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