El laberinto de Todos

Ni agua le pusieron sobre la mesa en su primer intento de seducción. El segundo intento logró que Alberto mostrara un inconveniente malestar que al parecer es un estado que Alberto alcanza con cierta facilidad, lo que lleva quizás a una apreciación errónea sobre su persona, confundiendo fuerte personalidad con pérdida fácil de cabales.

La soledad parece no ser un inconveniente para Schiaretti atrincherado tras su alambrado que limita con nada menos que siete estados vecinos. El persistente alambrado que supieron construir con su fallecido socio, parece hacerlo sentir seguro tanto como lo hacía sentir restringido a José Manuel en sus aspiraciones supra provinciales.

La especulada trama de “roscas” que supone a Alberto como frontman de esa agitada e inconsistente mescla de peronismos de derecha e izquierda, certificados o negados queda comprobada indirectamente con las insistencias y enojos de Alberto hacia los cordobeses y su reacio conductor a ser polarizado.

No necesito de Schiaretti (o de los cordobeses), suena en una primera lectura un razonamiento lógico de un Alberto compenetrado con su posición de cabeza del Frente de Todos que ha logrado la adhesión de todos los gobernadores a la causa a excepción de solo uno y no se siente en obligación de una pleitesía especial hacia un líder díscolo y solitario. Pero si en una segunda lectura pensamos en que la búsqueda de gobernadores aliados no es una búsqueda destinada solo al armado de ese gran frente (de todos) sino además una búsqueda de fortaleza personal y un intento subrepticio de construcción de un peronismo depurado dentro de esa nueva “Alianza” con el fin de presentar solides ante una previsible y compleja manifestación de las tendencias progresistas enfiladas hacia la izquierda arcaica o anárquica (contra propios o ajenos), entonces las insistencias hacia Schiaretti coronadas de desencantos toman un sentido más complejo a tal punto que pueden justificar el enojo de Alberto inocultable aun frente a los medios.

Cualquiera sea quien asuma el gobierno, Macri o Alberto solo tendrán una salida “el crecimiento de la economía” (que durante 8 años seguidos ha decrecido). Incentivar el consumo interno o apostar a la llegada de inversiones son rumbos ambos con detalles discutibles. Pero lo indiscutible son las necesidades de recorte que cualquiera de los dos estará obligado a continuar y profundizar. El detalle pasado por alto es que existe otro camino solo posible en la lógica K y es que si el kirchnerismo finalmente domina seguramente optaría por el camino de la miseria sustentable más conocido como el camino a Venezuela donde la palabra ajuste no existe y las soluciones pasan por la diametralidad (el despilfarro y la emisión). Sin dudas un camino que para el kirchnerismo es lógico con su relato pero que el peronismo no puede darse el lujo de sostener bajo riesgo de definitiva desaparición. La construcción del frente interno de gobernadores apunta en las intenciones de Alberto a demostrar firmeza ante el frente puramente K, pero Alberto necesita llevar un ajuste adelante y solo queda margen de que ese ajuste se haga a nivel de los estados provinciales cuyos déficit quedaron ocultos por los envíos de fondos por parte del estado nacional.

¿Cuánto pueden tardar los gobernadores en caer a los pies de los encantos K (los del despilfarro) si Alberto los presiona con la necesidad de un ajuste? Además en caso de que Kicillof quede finalmente al frente de la provincia de Buenos Aires, entonces Alberto tendría en sus narices el mayor estado provincial (casi la mitad del país) sin posibilidades de ser ajustado con un confeso comunista y una populista por naturaleza al frente de su administración.

Alberto cuenta con los gobernadores (casi todos). El problema es: ¿cuánto tiempo contara con los mismos? A esta cuestión de incertidumbre temporal se le suma una cuestión de coordinación y conducción que puede tomar un rumbo de desvanecimiento si Alberto deja de ser su promotor y coordinador para convertirse en Presidente. De allí la insistencia de sumar a Schiaretti que aun siendo en número insignificante (el único), es en peso y en capacidad (ya demostrada) el único capaz de sostener el acuerdo de gobernadores más allá del tiempo al que la presión del histrionismo adoctrinador de la Jefa lo acotaría.

Sin Schiaretti los tiempos posiblemente no midan la extensión necesaria para que Alberto supere un punto crítico que no es utópico y es de esperar que los más extremistas del Frente lo establezcan con sus planteos.

Sin la figura preponderante de Córdoba cualquier pedido de esfuerzo puede ser visto como insensible y hasta óptimo de ser renegado. Sin la densidad política de Schiaretti el espacio será rellenado naturalmente por quien gobierne el mayor espacio (literal), aun cuando la conducción del mismo pueda llegar a estar compuesta de lo obtuso acompañado de lo perverso. La sola posible presencia de Kicillof en el staff de gobernadores jugaría a la inversa de Schiaretti restando tiempo a la persistencia del acuerdo de gobernantes y no hay nada que no indique que en caso de alcanzar definitivamente la gobernación, sea esa la función que Kicillof cumpla por convicción propia y por representación del más puro pensamiento K.

Alberto necesita de Schiaretti a modo de pegamento que le sostenga su blindaje pero Schiaretti no vislumbra ningún resguardo de Alberto que sea más efectivo que su alambrado y hasta quizás teme que acercarse al resto de gobernadores fácilmente alineables finalmente pueda debilitar su alambrado.

Paul Battistón

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