Por Hugo Modesto Izurdiaga.-

Nuestra historia se fundó sobre los hombros de gigantes como José de San Martín y Manuel Belgrano, hombres que obraron sin esperar recompensa alguna. Belgrano donó los premios en oro que recibió por sus victorias militares para construir escuelas públicas y murió en la pobreza absoluta. San Martín rechazó cargos, honores y pensiones; prefirió el exilio antes que participar en luchas por el poder. Ambos encarnaron el verdadero significado de ser un «patriota»: anteponer el interés general al beneficio personal.

Hoy en día, esa demanda es más urgente que nunca. Mientras los argentinos hacen malabares diarios para llegar a fin de mes, a la dirigencia política solamente le interesa «llevar agua a su propio molino», enfocándose en internas partidarias e ignorando las necesidades del ciudadano de a pie. Los políticos deberían saber que el patriotismo es un sentimiento de orgullo de un individuo hacia su patria.

En nuestro país faltan líderes que recuperen la ética de San Martín y el compromiso de Belgrano. Necesitamos dirigentes que prioricen el bienestar de la gente por encima de cualquier otra ambición.

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