Por Claudio Valdez.-

La intencionalidad de los gobernantes caracteriza al Estado y el sistema político adoptado resulta ser el instrumento moldeado para concretarla. Desde el año 1983, en nuestro país esa intencionalidad, a pesar de expresarse con algunas variantes, orientó actitudes determinadas que pueden ser develadas mediante el seguimiento del accionar de los poderes públicos.

La reforma constitucional de 1994 permitió introducir innovaciones de forma y algunas modificaciones al propio espíritu de los originarios fundamentos republicanos, representativos y federales; no obstante lo cual, fue convalidada la ideología liberal. El sincretismo político, económico y cultural incorporado posibilitó en los distintos niveles del Estado experiencias variadas: liberales conservadoras, socialdemócratas y aun “confusos progresismos”, que en conjunto perjudicaron a la nación.

Debe precisarse que los representantes de esas dispares corrientes ideológicas desacataron muchos de los avalados preceptos constitucionales, además de exceder o falsear la legitimidad de sus facultades mediante reservados acuerdos entre dirigentes, logrando así montar un sistema político que solo pudo brindar insatisfacción y desdicha a sus gobernados. Se convirtió a la “comunidad políticamente organizada” en Estado cómplice de situaciones que muchos de nuestros gobernantes del pasado supieron evitar, preservando de ese modo al país de frustraciones como las que hoy nos parecen imposibles de superar.

El Estado aparece como cómplice del pago de una desmedida deuda externa, mal certificada por registraciones de la contabilidad pública argentina, incluyendo ajustes por argucias de transferencias y refinanciaciones viciadas por sus procedimientos.

También cómplice de los Organismos Internacionales, que finalmente responden a la “voluntad de superpotencias y de la sinarquía transnacional” avalando la dominación en los países del tercer mundo, que previamente “desestabilizados” por planificadas conspiraciones económicas, políticas y culturales resultan víctimas de la agresión extranjera.

Cómplice asimismo de proyectos de “Centros de Estudios” económicos, políticos, sociales y culturales ajenos al interés nacional, que han llegado en oportunidades hasta a manifestarse contrarios al respeto de este fundamental interés.

El Estado cómplice es capaz de subsistir mientras pueda mantener sus miserables apoyos, pero por su pervertida moral no está en capacidad de promover la Argentina justa, libre y soberana que los responsables ciudadanos ansían.

Los gobernantes deben comprender que, aun en el arte de la política, no alcanza con oportunismo y conveniencia personal. Sólo los ciudadanos responsables son confiables y sólo ellos deben ser honrados como compatriotas.

Share