Por Paul Battistón.-
Las redefiniciones pueden tener una vida limitada. Casta nos remite a una no muy lejana India dividida en estratos sociales de movilidad nula y de condición hereditaria. Javier Milei la resignificó dirigiéndola a una clase política esmerada en mantener el privilegio de vivir del estado. La consecuencia temprana fueron nuevos intentos de resignificación, entre ellos el de Myrian Bregman con fines políticos que le permitieran desmentir a Milei centrando la cuestión en quién pagó realmente el ajuste, ¿la casta o el pueblo?
La redefinición de Milei muy válida para su campaña y para dar cierta luz a la gente sobre la causa de sus fracasos no buscados, es conceptualmente incorrecta pero útil. Lo que Milei llamó casta posee una forma (impropia) de movilidad social propia y ésta es en sí misma la razón de su amoral formación.
Este conglomerado al que Milei llamó casta atraviesa a casi todos los estratos sociales y existe dentro de ella la posibilidad de un quieto acomodado confort como también un ascenso (nunca impedido por la falta de mérito) a costa de esos boludos que aún creen en la asociación biunívoca de rectitud moral y sometimiento a las reglas del estado, en muchos casos engendradas por esa misma casta en su ubicación legislativa tras lograr el ascenso a representante sábana delante de las narices de los mismos sometidos.
Los incautos son los que pagan multas impuestas y generadas por el sistema apropiado por la casta. La casta siempre tendrá atajos.
Los sufridos son los que asumen las normas establecidas que serán salteadas o forzadas por la casta. La casta tendrá su senda propia.
Los ajusticiados son los que encierran su desenvolvimiento bajo una maraña legal en gran parte dictada por la casta. La casta casi siempre tiene su escapatoria en lagunas legales dejadas adrede.
Las dificultades con las que los argentinos amanecen a diario son las que la burocracia plena de casta impone generando la necesidad de su propia existencia representada por infinidad de puestos (no confundir con trabajo). Literalmente barreras que obstaculizan la vida misma de los argentinos pero que de seguro tienen un flujo de acomodo y favores especiales entre sus integrantes.
Toda dificultad de movilidad, de comercio, de producción, en definitiva toda restricción de cualquier índole tiene su origen en la presencia del estado no funcional pleno de partícipes solo funcionales al sostenimiento de su permanencia en el aparato estatal.
Podría recomendar ver “The trial” de Orson Welles pero quizás resulte muy agobiante en su blanco y negro. De todas formas es posible ver a todo color la reciente tragedia cordobesa sobre la muerte de una adolescente donde en cada elemento del desarrollo de este desgraciado drama emergen de forma burlona las mareas de esa casta disimulada de normalidad inevitable. La escena está inundada de anti meritocracia, de capacidades delictivas ennoblecidas y requeridas como virtudes, de asociaciones de carácter dudoso o delictivo protegidas, de puestos políticos convertidos en puertas de ingreso para mediocres carentes de formación a puestos públicos como futuros entorpecedores de la vida del ciudadano, de fuerzas públicas y servicios públicos esenciales convertidos en ejércitos de inoperantes, de circuitos de comunicación esenciales convertidos en carreras de obstáculos burocráticos, de soberbia convertida en un éxito meticuloso hilvanado en los destiempos e incumplimientos que en algún momento redundaran en la duda razonable rescatada por los defensores de los inmorales, de supuestas atinadas buenas intenciones convertidas en ridículos foros y polos (el inservible polo de la mujer).
Quizás sea muy cruel de mi parte rescatar todas estas indicaciones desde este semejante drama, quizás lo de “The trial” es muy exagerado. Podría retraerme y simplemente recordar esa reflexión del personaje interpretado por Federico Luppi y actuado de manera portentosa como si lo hubiera traído a la superficie consciente desde un real acto fallido, “Argentina no es un país, es una trampa”.
¿Se imaginan cuáles son los mecanismos de esa trampa para lograr un progresivo encierro en esa normalidad de resignación anómala? Sin duda los mecanismos de agobio de la casta o quizás podría sentarle mejor algo así como “la amoralidad favorecida”.
De alguna forma y en alguna proporción Bregman acierta en su cuestionamiento de campaña aún después de haber redefinido tendenciosamente “casta” tras la redefinición primera de campaña de Milei. Miles de parásitos, inoperantes, incoherentes, amorales, acomodaticios, pungas, ladronzuelos entorpecen o arruinan la existencia de la ciudadanía desde la existencia obsoleta o innecesaria de sus puestos de militancia rentada.
Sin duda la ola llega siempre con retraso al interior. La casta ha pagado poco y nada del ajuste en esos feudos donde la casta es su esencia.
Los alaridos de la legisladora del PTS y periodista Laura Vilches increpando al fiscal Garzón en su ridícula y pedante exposición tuvo una acogida de coincidencia con el malestar general. La gravedad se vislumbra como cercana a sus límites cuando la coincidencia es con la izquierda.
Córdoba está en el medio del camino real, es la pieza de dominó que de quedarse quieta posiblemente haga que Santiago del “Estertor” siga en su eterna siesta, que Catamarca y La Rioja nunca superen lo de clanes, que Salta siga siendo el terror de cuanto francés pase por su territorio además de ruta de tráfico humano y posiblemente no exista milagro para que Formosa deje de ser un territorio ocupacional.
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