Por Jorge Augusto Cardoso.-

Las guerras constituyen hoy el tema principal de nuestro tiempo, el escenario mundial así lo demuestra.

A pesar de que la guerra es tan antigua como la historia del hombre, en la actualidad el tema filosófico, sociológico predominante, sigue siendo la discusión acerca de ésta y el empleo justificado o no de la violencia; así parecería ser que hay guerras justas y otras injustas. Tito Livio decía: “La guerra que es necesaria es justa, y bendita sean las armas cuando no hay esperanzas sin ellas”. Desde entonces, y a través de los siglos, las necesidades fueron el fundamento de las causas consideradas justas. Las necesidades de expansión, de conquista, de obtener recursos escasos, de mantener el status quo, etc., fueron consideradas como motivos legítimos para acudir a las armas. Pero hoy nos encontramos en una situación diferente; la posibilidad de una guerra nuclear, arriesga la existencia misma de la especie humana. De desarrollarse, no habrá ganadores. La humanidad perderá, y eso lo saben los grandes bandos en pugna; así, el equilibrio del terror proporciona cierta paz y estabilidad.

El principio rector de la carrera armamentista de hoy es la disuasión; se trata más que de ganar la guerra, evitarla mediante la amenaza cierta de emplear medios bélicos suficientes y poderosos que hagan desistir veleidades belicosas. Así las cosas, los Estados se vuelcan al desarrollo de armas que hagan imposible la guerra. De ahí surge la carrera armamentista nuclear, en la cual cada Estado demuestra a los otros, la capacidad destructiva de las armas que posee.

Se me hace difícil imaginar que Putin hubiese atacado a Ucrania si este país hubiera poseído armas nucleares. La amenaza de empleo de armas nucleares constituye hoy, a mi juicio, la verdadera disuasión, y brinda cierta garantía de seguridad a la población de que no será atacada.

Los países que poseen arsenal nuclear, no escalan contra otros que también lo tienen; pero sí hacen la guerra a Naciones que no la poseen utilizando medios convencionales de destrucción. Se sigue concibiendo a la guerra para el logro de los objetivos políticos. Decía Clausewitz: “La guerra es la continuación de la política con otros medios”

La función principal de las Fuerzas Armadas, es proteger y defender a la población civil. En nuestra patria eso es imposible dada la situación en que éstas se encuentran merced a decisiones políticas desacertadas; son mínimas en relación a la superficie continental y marítima de la Argentina. Carecen de tecnología armamentística; además se encuentran desmotivadas y subvaluadas, sus integrantes carecen de reconocimiento social por su oficio, lo que se evidencia en los bajos salarios en relación a otros funcionarios del estado incluyendo a las Fuerzas de Seguridad. Adolecen de una Obra Social que les proporcione seguridad y bienestar para ellos y sus familias.

Urge revertir esa situación; es necesario devolver a las Fuerzas Armadas el orgullo de pertenecer al brazo armado de La Patria; para que sus integrantes se encuentren tiempo completo volcado al desarrollo de capacidades guerreras, y no que ocupen valioso tiempo de capacitación y entrenamiento para la defensa conduciendo taxis o realizando otras tareas para mejorar sus magros salarios. Es imperativo invertir en tecnología para la Defensa, la más alta tecnología posible de desarrollar para tener una real capacidad de disuasión, no para hacer la guerra si no para que a nadie se le ocurra hacerla con nosotros; para que a nadie se le ocurra atacarnos.

El recurso constante a las guerras como medio de expansión y apuntalamiento geopolítico de la Federación Rusa y otros Estados, han estimulado el desarrollo científico y tecnológico aplicado a las actividades de defensa en la Unión Europea y ciertos países de Asia. A pesar de las distancias, nuestro país no puede ni debería quedar al margen de esa tendencia.

Share