Por Paul Battistón.-

El apuro de la estocada final, la desesperación de la proximidad, la alarma del agotamiento o simplemente el daño fríamente calculado tras una retirada. Quizás algo de todo esto o quizás una combinación.

El wokismo se sacó toda etiqueta de adorno y se identifica plenamente como comunismo (del bueno) o simplemente como izquierda (con fuerza). Sólo eso eran.

Tras haber pontificado con el riesgo de una extrema derecha durante no menos de 10 años pueden exhibirse ahora con su adorado nombre de flagelo y pretender soluciones desde esa doctrina, filosofía o simplemente mierda que hasta 1989 hundió a la Europa del este (además de otras cosas) en una esclavitud literal (tanto a nivel individuo como a nación entera) ¿está mal definirlo así cuando su principal fallecido era la libertad? Fueron la justicia de la igualdad social con las herramientas del sometimiento, el miedo y la persecución. Así lograron crear países del tercer mundo en plena Europa.

Justamente en la ciudad escenario emblema de su opresión donde el  fracaso consecuente de la misma quedó perfectamente delimitado por un muro (El de Berlín), ahí es donde la izquierda (con un triunfo de apenas el 25%) sin vergüenzas sobre su pasado vuelve con la intención de practicar la lapidación de la propiedad privada con la intención de 200.000 expropiaciones.

Veinte años de socialismo creador de una ruso-dependencia energética para que finalmente Alemania deba debatirse entre extremas izquierdas. Hijos de wokes (comunistas de closet) e hijos del socialismo nacionalista (mejor no aclarar). Ya no necesitan traicionarse, lo hicieron a dos años de comenzada la IIWW.

La ostalgie de los ex berlineses orientales (nostalgia por la apacible opresión del no esfuerzo) detectada como fenómeno ya hace unos 15 años atrás ha sido buen abono para la diversificación de la idiotez en manos de la agenda woke hoy ya concretada con la aceptación de todas las temáticas progres y a apunto de querer asaltar la ciudad con una catarata de atentados a la propiedad privada. Un colapso programado.

Al camino de Le Pen lo han pavimentado las calles usurpadas de cabezas apuntando a La Meca. Marie Le Pen la inviable, asoma en un mar de cansancio cultivado por muchos mismos de los cansados. ¿Cuánto más se debe soportar más allá de Charlie Hebdo o el Bataclan? Podríamos decir que el límite ha sido una especie de síndrome “López Murphy”, si tan sólo Macron hubiera estado en Argentina durante el gobierno de De La Rua no se le habría ocurrido recortar el estado con sutileza. Al estado se lo recorta con motosierra a lo Milei.

Esa arma tan eficaz identificada como indignación selectiva ha tenido su máximo provecho y a su vez ha exaltado las mayores alarmas en el caso de la desalojada Maricarmen Abascal  de 87 años en Madrid. Tan sutil manejo de la indignación selectiva sólo puede ser llevado adelante por un equipo dirigido por un verdadero master en la hijoputes. Sólo que Pedro Sánchez desde su condición de Obtuso peligroso llega a la condición de hijodeputa a través de una ruta de acceso dolosa. Cuesta creer que hace apenas tres años los medios españoles comparaban a Alberto Fernández con un pulpo por el supuesto contenido fecal de su cabeza y hoy Pedro Sánchez por decreto elimina los desalojos. Sabe perfectamente que así funciona ¿o quizás no lo sabe? Da lo mismo, por el camino directo o el camino doloso demuestra que no es inhabilidad es daño comunista infligido adrede.

Sólo corrupción bastó para que Rajoy fuera literalmente rajado, a Pedro Sánchez no lo mueve la corrupción, ni siquiera su peligrosa relación con separatistas. Entonces porqué habría de extrañar el curioso descuido de las fronteras de España y su integridad.

Por suerte para nosotros (circunstancial) pero no para Europa, la calamidad comunista también ha cruzado el canal de la mancha (aquí aun en el closet wokista).

La Europa del este debe cuidarse de una acción directa, anida en ellos un “Comunismo nunca más” (hasta con prohibición legal en algunos países).

Nuevamente Polonia se perfila como jamón del sándwich mientras Rusia aspira a CCCP comiéndose por ahora parte de Ucrania.

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