¿Cambios en la Justicia?

Leer las noticias que refieren a la reanudación de los juicios orales luego de la feria judicial de enero produce más que rechazo verdadero asco (y pena por el país en el que vivimos todos, revolcándonos en el mismo lodo).

La cantidad de chicanas y argumentaciones pueriles, para justificar el pedido de nulidades que solicitan los abogados defensores de los acusados de corrupción en las causas que se les sigue en el juicio oral, tan solo para retrasar una o dos semanas más esas audiencias, haciendo lo imposible “no para demostrar con pruebas la inocencia de sus defendidos sino para que las continuas interrupciones y postergaciones produzcan la tan ansiada prescripción de esas causas que, de llegar a producirse serán festejadas como si hubieran sido declarados inocentes.

Eso sí, cuando algún periodista les recuerde que sólo están libres sus defendidos por la prescripción dirán sin hesitar que sus defendidos “siempre estuvieron a derecho” aunque sólo hayan concurrido a las citaciones presentando un escrito con el cual se abstuvieran de declarar amparándose en el derecho que los asiste o hayan denigrado la investidura de los jueces que componen el tribunal espetándoles en la cara que han sido y son víctimas de “Lawfare” abrazándose a la historia para adjudicarse la absolución por parte de ella, sintiéndose dueños de la misma.

Si durante la Instrucción de la causa se pueden apelar pruebas o informes solicitados por el juez/a que lleva la causa hasta que se termina cerrando y enviando la misma a Juicio Oral, pero ese cierre también puede ser apelado ante la Cámara Federal y de ser rechazado allí pueda ser apelado ante la Cámara de Casación y de ser ratificado todo lo actuado hasta aquí aún quedaría en manos del acusado la posibilidad de recurrir “en queja” ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (que “no tiene tiempos” para su revisión) se comprende entonces por qué un juicio demora en promedio 15 años (o más) en resolverse. Y no es porque a la justicia le hayan quitado la venda que cubre sus ojos, sino porque le han agregado tapones en los oídos y mordaza en la boca dejándola “ciega, sorda y muda”. Y así nos va.

Otto Schmucler

oschmucler@gmail.com

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