La verdad sobre Malvinas

Señor Director:

Es improcedente, irrespetuoso y mistifica la verdad histórica, el lector Ricardo P. M. Forgione, que en carta a “La Prensa” del 8 del actual, dice: “…la inmensa mayoría victoreó frenética al embriagado (sic) dictador que preguntaba si vendrían “el principito” a rescatar las islas, que como último manotón de ahogado de un gobierno claudicante, habíamos recuperado barateando el concepto de soberanía, pues siendo genuinamente nuestras las involucramos en una espuria y trasnochada reivindicación destinada al fracaso desde su concepción, cuyo propósito final era evitar la caída del régimen y eternizarse en el poder” (sic); siendo ésa la posición del enemigo británico, pues e incidente de Georgias del Sur (donde 39 operarios del empresario chatarrero Constantino Davidoff, desarmaban una factoría obsoleta por contrato con la Corona británica, con autorización británica) fue transformado por la Embajada del Reino Unido en un conflicto diplomático al exigir a los argentinos en territorio argentino a presentar pasaportes, pretensión que fue rechazada por la Junta Militar, tras los ultimátums del 20 y 23 de marzo de 1982, pues sería conceder al Reino Unido un título jurídico que carecen ya que su única razón para mantener el despojo de nuestras islas irredentas, es la fuerza, que jurídicamente no da derechos, y por tratarse de un acto soberano, fue respondido con otro acto soberano -caso contrario sería renunciar a todos nuestros derechos sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y la Atlándila-, recuperando la soberanía sobre Malvinas el glorioso 2 de abril de 1982.

Iniciadas las hostilidades los británicos el 1º de mayo, el presidente peruano, escribano Fernando Belaúnde Terry, a pedido del general Haig, secretario de Estado de Estados Unidos (EEUU) y el canciller británico Pym, habló con la Junta Militar ofreciendo sus buenos oficios como mediador para negociar el cese automático de las hostilidades, retiro simultáneo y mutuo de las fuerzas, presencia de veedores ajenos a las partes para el gobierno temporal de las islas (llamados “Grupos de Contacto”)…, tomar en cuenta los puntos de vista o intereses de los habitantes, para la solución del conflicto. Las tratativas estaban bien adelantadas, cuando la señora Thatcher que alimentaba nefastos propósitos y no le interesaba la paz, mandó torpedear el Crucero “General Belgrano” por el submarino atómico “Conqueror”, fuera de la zona de exclusión establecida por los mismos británicos, provocando la muerte de 323 argentinos.

El almirante Harry Train, a la sazón comandante de la Flota del Atlántico de EEUU, durante la contienda, dijo en conferencias pronunciadas en Buenos Aires, entre el 26 y 28.11.1986: “Yo creo que ustedes podrían haber vencido en Pradera del Ganso… Si se hubiera hecho cualquier cosa para frenar el avance británico, los británicos hubieran perdido porque la Flota había agotado su capacidad de sostén… Habían agotado sus armas antisubmarinas, habían agotado las municiones de sus cañones y comenzaban a sufrir fallas mecánicas”. “…El almirante Sandy Woodward (comandante de la Operación Corporate) dijo al comandante de las fuerzas terrestres (general Jeremy Moore) que debía llegar a Puerto Argentino para el 14 de junio; si no los iba a sacar de la isla. Entonces, cualquier cosa que hubiese frenado este avance habría ganado la guerra” (sic). (1)

Lamentablemente, en ese día aciago para la honra de las armas patrias en que el general Jeremy Moore recibe la orden de tomar Puerto Argentino o sería retirado de la isla, el gobernador militar de Malvinas, general Mario Benjamín Menéndez, llama por la mañana al teniente general Leopoldo F. Galtieri para darle parte que procedería a rendir sus tropas en Malvinas (quién carecía de un plan de defensa y de ataque). Éste le respondió que saque a sus hombres de los pozos para adelante peleando. En ninguna parte del mundo, una guarnición de alrededor de 8.000 hombres muy bien pertrechados y que ni siquiera ha comenzado a pelear, se rinde por haber perdido en los primeros encuentros el 10% de su total, o sea 700 u 800. Y según el Reglamento Militar, una fuerza se rinde con honor al haber quedado sin municiones y tenido el 80% de bajas: las que hubo en las islas no alcanzaron el 5% -354/8000-.

El general Moore al acercarse a Puerto Argentino y ver la profusión de banderas blancas, dijo que Menéndez había tenido un “colapse of will” (falta de voluntad para pelear), a quién le faltó lo que debe tener todo militar en guerra, es decir las agallas para luchar y vencer, actitud que hubiera dado lugar al cambio del estatus de las islas y verse los británicos obligados a negociar sobre la soberanía de nuestras islas.

Dijo el almirante John Forster Sandy Woodward: “Consideré seriamente la posibilidad de llamar a casa para decir que habíamos perdido. La situación parecía indicar que pronto estaríamos fuera de juego, en algún momento hay que comenzar a pensar en terminar con todo”. Y, también,: “Si los argentinos no se hubieran rendido el 14 de junio, nosotros hubiéramos fracasado como el 21 de junio, una semana después. Estábamos agotados y los barcos estaban agotados y los sistemas de ingeniería estaban agotados y las armas agotadas, estábamos todos agotados, como ellos, pero ellos se agotaron primero, la oposición, menos mal”. (sic)

“Y la verdad es que la amenaza no era el viejo crucero sino la propuesta de paz puesto que esta hubiera privado a la Sra. Thatcher de una victoria militar, objetivo de la guerra de las Malvinas (provocada por los británicos) en primer lugar. Se trataba de la política interior británica antes de un interés por los habitantes de las Malvinas” (Declaraciones sobre el hundimiento del crucero General Belgrano por Tam Dalyell, político opositor a M. Thatcher) (2).

Hastings y Jenkins -autores británicos y uno de ellos corresponsal en Malvinas durante el conflicto, en la obra “La batalla por las Malvinas”, pág. 251, expresan: “…El 25 de mayo, lejos de saborear una victoria, los británicos mascaban un amargo sabor de derrota, y la fecha indicó asimismo el colapso de la paciencia de Londres ante los escasos progresos de la cabecera de playa… El gobierno se sentía cada vez más alarmado ante el riesgo de que Naciones Unidas exigieran un cese de fuego imposible de rehusar que dejaría a los ingleses con el solo control de la cabecera de puente en San Carlos”.

Y en la pág. 279, expresan: “…En esa etapa (mediados de mayo), como a través del conflicto, la modesta propaganda británica presentaba a la guerra como una serie de triunfos semisecretos, cosa que servía muy mal a los intereses ingleses. Para el Gabinete de guerra y para los argentinos, la lucha era equilibrada. Para los Comandantes en el campo de batalla y en Nothwood, el conflicto de magnitud (hacia los argentinos) parecía del todo inadecuado para una guerra que no sabían si podían ganar”. (3)

He aquí la respuesta a las sandeces del lector Forgione, que faltó muy poco (que si no fuera por la actitud pusilámine de Menéndez) nuestras Fuerzas Armadas hubieran ganado la guerra de Malvinas a una potencia de la OTAN.

Un cordial saludo,

Alfredo Nobre Leite

DNI 18.221.024

marimba37@outlook.com

1) Del artículo “La destitución de Galtieri ,..frente al enemigo”, por Manfred Schönfeld, diario “La Prensa”, 18.2.1986.

2) Del artículo del historiador Sebastián Miranda, “Los principales mitos tras la guerra” en “La Prensa” del 20.6.17.

3) Del libro “Malvinas/82 Cómo y por qué”, por Alberto A. De Vita, Instituto de Publicaciones Navales, 1994, p. 240.

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23 comments for “La verdad sobre Malvinas

  1. Die Walkyria Divizionen
    12/07/2017 at 7:19 PM

    Que epopeya !!!

  2. VGM FUERZA AEREA
    12/07/2017 at 7:43 PM

    SU EXPOSION ES EXCELENTE. SIN EMBARGO NO OLVIDE QUE AUN EN ARGENTINA EXISTEN MUCHISIMOS AGENTES QUE RESPONDEN A INTERESES ANTIPATRIA, MUCHOS COMANDADOS DESDE LONDRES COMO ES PUBLICO. SEGURAMENTE EL LUMPEN QUE ESCRIBIO ESAS SANDECES LO HA HECHO NO POR DESCONOCIMIENTO, SINO MUY DELIBERADAMENTE PARA ATACAR LOS INTERESES ARGENTINOS Y PROSEGUIR Y PROFUNDIZAR LA ACCION DESMALVINIZADORA Y EL QUIEBRE DE LA MORAL ARGENTINA. FELICITACIONES.

  3. VGM FUERZA AEREA
    12/07/2017 at 8:37 PM

    ESTA ES UNA EXCELENTE NOTA, SINTETICA, QUE DESCRIBE CON PRECISION LOS VERDADEROS HECHOS Y CUAL FUE LA SITUACION ESTRATEGICA POLITICO MILITAR.. ESTA PERFECTAMENTE EN LINEA Y FUNDAMENTADA Y AVALADA POR EL INFORME RATTEMBACH Y MULTIPLES TESTIMONIOS . LA VISION INDIVIDUAL DEL SOLDADO, SUBJETIVA, NO PUEDE ALCANZAR ESTE NIVEL DE ANALISIS. ESTUVIMOS A PUNTO DE GANAR UNA GUERRA A LA POTENCIA NUCLEAR, IMPERIO MUNDIAL, CON APOYO DE LA OTAN Y USA. ESTO DEMUESTRA QUE RECUPERAREMOS LAS ISLAS MALVINAS, TANTO EN FORMA PACIFICA COMO POR LA FUERZA SI ES NECESARIO. ESTUVIMOS A PUNTO DE PARTIRLE EN TRES EL BRAZO Y NO LO LOGRAMOS POR UN CAGON CON ESTRELLAS DE GENERAL. VOLVEREMOS…AUNQUE UDS NO LO CREAN…VOLVEREMOS…!!!

  4. barcino
    12/07/2017 at 8:42 PM

    Que disparate !!!

  5. mohamed yusul ex isaias rabinovich
    12/07/2017 at 9:33 PM

    Un tiempo despues de la derrota salio , en una revista de actualidad, una foto del Gral. Menendez paseando por las cataratas de Iguazu en la zona de Garganta del diablo…lo bien que hubiera hecho con una zambullida desde las pasarelas…pero, hasta para eso era cobarde

    • Pehúen Curá
      12/07/2017 at 10:33 PM

      Muy simple, porque la orden era RENDIRSE, sin más vueltas, por eso se paseaba por los canales de TV de Blazer azul dando notas y nunca fue enjuiciado, cumplio la orden.

  6. Jorge de San Miguel
    13/07/2017 at 7:27 PM

    La guerra la ganó Argentina.
    En todo orden: en número de víctimas (que no son las que nos cuentan los “vencedores”, secreto inglés por 90 años, ver Internet), y en daño material, por la cantidad de buques hundidos.
    Pero sobre todo, en el orden moral: Argentina no empezó la guerra: el desembarco argentino se hizo sin matar ni un solo inglés: fue la necesidad de rearmar la flota inglesa lo que provocó el hundimiento del Belgrano y la muerte de más de 300 argentinos.

  7. Lic.Carla Fridman
    13/07/2017 at 9:38 PM

    Las islas Malvinas y la acción psicológica

    1. Introducción
    2. Acción psicológica
    3. El nacimiento del Estado Argentino
    4. La trampa del gobierno militar
    5. Nacionalismo y patrioterismo
    6. Conclusión
    7. Bibliografía

    Introducción

    Los dos de abril se repiten ritos ya tradicionales que se están convirtiendo en autóctonos. La televisión bombardea viejos slogans, aparecen algunas escarapelas con olor a naftalina y se limpian plazas desusadas y olvidadas para poner palcos oportunistas y poder agorar oratorias patrioteras.
    Nos acordamos nuevamente que las Malvinas son argentinas y nos quedamos con el sabor amargo en la boca por lo que perdimos.
    Pero algunas consideraciones son saludables. ¿Las perdimos? ¿Alguna vez las tuvimos? ¿Estábamos en condiciones de reclamarlas? ¿Estamos?
    Echar luz sobre estos puntos es necesario. Es tiempo de que perdamos el miedo a la crítica y la objetividad y dejemos de considerar como traidor a la patria a aquel que lo haga. Es necesario, primero porque es sano dudar hasta de nuestras mayores certezas y, segundo, para que el sabor amargo sea más digerible. Ése es el objetivo de este escrito.

    Acción psicológica

    Esta demostrado que los 2.000.000 Km2 que componen el actual territorio continental argentino fueron conquistados partiendo de cero, a través de una lucha armada de más de cien años, enfrentando toda clase de enemigos, resistencias y obstáculos.
    Es de destacar el importantísimo papel que cupo a Buenos Aires y las Provincias Unidas en el logro de la hegemonía en el río de la Plata y en la conquista de territorios sudamericanos para la independencia y constitución de las repúblicas del nuevo mundo poniendo en evidencia las conquistas argentinas realizadas en el curso de dos siglos en las tierras y mares del lejano sur atlántico y antártico.
    Como lo ha enseñado Carlos Escudé en varios de sus escritos, la población argentina ha estado sometida desde hace más de cien años a una deliberada, persistente e insidiosa acción psicológica de la misma índole de la que se practicó sobre los pueblos de Alemania e Italia bajo Hitler y Mussolini, con respecto a las reales e imaginarias reivindicaciones territoriales de esos países.
    En colegios, cuarteles, academias y oficinas; por radio, cine, prensa y televisión, desde la infancia hasta la senectud, se ha martillado y remachado en la cabeza de los argentinos la doctrina de que a partir de su independencia su país ha sufrido sucesivas desmembraciones territoriales, algunas de ellas irreversibles, como las de los territorios que ocupan Paraguay, Uruguay y Bolivia, que habríamos debido recibir como presuntos herederos legítimos del Virreinato del Rió de la Plata, y otras que justificarían hasta el recurso extremo de la guerra, con su secuela de muerte, destrucción, odio y sufrimiento, como las que versan sobre algunos islotes en la zona del canal de Beagle caso en el cual estuvimos a punto de ir a la guerra con Chile en 1978 de no haber sido por la mediación papal desesperada.
    Con menos convicción en cuanto a su efectiva conquista por las armas, pero con igual perseverancia, se ha inculcado a los argentinos el articulo de fe de que son propietarios exclusivos de un vasto sector del continente antártico, cuya obligatoria inserción despoja de realismo y perspectiva a los mapas de la república cuyo extenso territorio real (es decir, el que se extiende desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego) queda empequeñecido y descentrado por el artificioso injerto del descomunal triangulo invertido que se supone tan argentino como la pampa o los valles calchaquíes.
    El más somero análisis histórico revela que estas afirmaciones dogmáticas, que han ido adquiriendo un carácter sacro indiscutible, son altamente cuestionables cuando no directamente falsas. Con respecto al mito del desmembramiento, es de lectura imprescindible el brillante trabajo del coronel (RE) Rómulo Menéndez “Las conquistas territoriales argentinas” (Bs. As. 1982), donde se demuestra acabadamente que, lejos de haber perdido territorio, el actual estado argentino es el fruto de una persistente y efectiva acción expansiva que a lo largo de un siglo multiplico por lo menos tres veces el territorio nacional originario.

    El nacimiento del Estado Argentino

    Históricamente, hay que tomar en consideración, sin mayores ambiciones revisionistas, ¿dónde nace el Estado Argentino?. La mayoría de los autores nacionales consideran que, si bien 1853 fue una fecha importante, el Estado nace en 1862 con Pavón, lo que significó la anexión de Buenos Aires y la enmienda de la Constitución.
    Pero el Estado que nacía no era consecuencia de la colonia que se iba. (Incluso recordemos el trabajo que le costó a esa colonia establecerse y mantenerse en Malvinas por la famosa Cuestión del Pacífico y la previa fundación francesa, por más de que eran aliados en el Pacto de Familia)
    El Estado naciente partía de cero. Considerar al Estado Argentino naciente como mero heredero del saliente es una falacia que, según Rómulo Menéndez es necesario evitar.
    Por otro lado, la ocupación inglesa fue pública, conocida, pacífica y con ánimos de dominación. No hubo respuesta Argentina ni mucho menos reclamos sino hasta muy entrado el siglo XX. Y vaya otra observación, si bien la por entonces Sociedad de Naciones existía, no había mecanismos efectivos ni reglas claras para elevar ningún reclamo serio, menos si afectaban a los intereses de las potencias “centrales”. Aún así, la bilateralidad estaba permitida, pero los reclamos no llegaron.
    En cuanto a la ocupación inglesa de Malvinas, se enmarca en la figura de la Adquisición por Prescripción, que es un medio derivativo de adquisición territorial ya desusado y propio de tiempos en los que la explosión de los medio de comunicación de investigación y de transporte aún no hacía sentir sus efectos, y en la tierra quedaba algo de res nulis.
    Según esta figura, pasado un determinado período de tiempo sin haberse efectuado los reclamos pertinentes (en este caso del joven Estado Argentino), el territorio en cuestión pasa a manos del ocupante, si se quiere, interpretando el derecho que tanto no le debe interesar al “invadido”.

    La trampa del gobierno militar

    Todos conocemos que el gobierno militar interno argentino estaba en franca decadencia. Que la crisis humana y social también estaba haciéndose económica, era y es sabido por todos, que la falta de cohesión interna se hacía sentir a balazos y torturas.
    En este escenario, e intentando un manotón desesperado, se echó mano a Malvinas, quizás como se podría haber manipulado otro elemento emotivo. El gobierno decidió echar mano a un elemento básico de la política: la creación y demonización de un enemigo externo para solucionar faltas de apoyo y cohesión interna. Y ahí entró Malvinas. Y ahí entro el slogan que hoy seguimos repitiendo los dos de abril.
    El proceso fue simple: se busca un elemento emotivo con algo de base, se lo multiplica ad infinitum, se utiliza la educación nacional y la prensa (en un ejemplo claro de lo que en política se considera como regla de la transfusión), se actúa y se cohesiona. Si los resultados de la arrojada empresa son positivos, se jactan de haber interpretado el deseo popular y, si no lo son, se procede a la victimización y al determinismo de su gestión. Nuestros militares siguieron el manual al pie de la letra.
    Por más que la condena pública sea generalizada para con las gestiones y los gobiernos castrenses argentinos, seguir postulando que las Malvinas son argentinas es caer en una justificación que no merecen.
    El caso de las Malvinas exhibe la singularidad de tratarse del único territorio del cual la Argentina (o de lo que de ella existía en 1833) haya sido despojada por la fuerza. Lo cual no significa que los derechos argentinos sobre las disputadas ínsulas sean tan terminantes ni decisivos como nos lo quiere hacer creer la acción psicológica oficial (y en buena medida lo ha logrado).
    Para quien quiera ilustrarse seriamente sobre este tema, recomiendo la lectura del ensayo que le dedica Carlos Escudé en su libro “La Argentina vs. las grandes potencias” (Bs. As., 1986) No interesa aquí el cotejo de los respectivos méritos de las reclamaciones argentinas y británicas sobre las Malvinas, sino más bien mostrar cómo una cuestión que, dentro del conjunto de los problemas argentinos, es notoriamente marginal y de escasa monta ha sido magnificada por la propaganda hasta convertirla en una especie de causa sagrada, de cruzada redentora en la cual los argentinos deberían estar dispuestos a derramar hectolitros de sangre y sacrificar la riqueza nacional en aras de esta especie de Santo Erial.
    A poco que escarbemos encontraremos que el gran lavado de cerebro colectivo en esta materia comenzó hacia 1944, época en la que bajo el manto protector de una dictadura militar despistada pero de indudable inspiración autoritaria y fascista, se había apoderado de la conducción de la educación pública y de la propaganda oficial una gavilla de nacionalistas ultrarreaccionarlos que -en perfecta concordancia con las fantasías hegemonistas de la casta militar- puso en practica una gigantesca campaña educativa y propagandística destinada a crear en la conciencia colectiva la convicción dogmática de que las Malvinas “han sido, son y serán argentinas”, proposición que no resiste el más módico análisis lógico, histórico o siquiera gramatical, y que es manifiestamente inconciliable con la realidad de que Gran Bretaña ejerce soberanía sobre el archipiélago desde 1833, en tanto que España mantuvo una tenua posesión -que abandonó en 1811- durante unas cuatro décadas, y la Confederación Argentina ejerció su posesión en forma asaz insegura durante sólo cinco años.

    Nacionalismo y patrioterismo

    El autoritarismo nacionalista no se alimenta de
    realidades sino de fantasías que manipula para someter, a la población a sus designios, generalmente funestos. Curiosamente, este tipo de campañas que pretende apelar a los más puros sentimientos patrióticos de la buena gente (a la vez que a las mas primarias tendencias cavernarias que todos llevamos adentro, más o menos escondidas), tiene un nefasto efecto retroalimentador, por el cual sus victimas iniciales (párvulos en edad escolar, soldados, empleados públicos, integrantes de muchedumbre) quedan tan infectados, por el adoctrinamiento, que lo revierten sobre los dirigentes de la sociedad (maestros, jefes militares, altos funcionarlos, legisladores), y exigen de éstos comportamientos acordes con el dogma que les ha sido inculcado.
    A su vez, los dirigentes se sienten presionados y obligados a actuar en consonancia con la doctrina que ya ha sido internalizada por la masa de la población, con lo cual se genera una causación circular de características sumamente perversas y de una peligrosidad extrema.
    Podrá argüirse que esta suerte de adoctrinamiento presuntamente patriótico es en el fondo inofensivo, y en todo caso benéfico y hasta necesario en un país insuficientemente consolidado como nación. Zarandajas de esta índole son las que condujeron a la criminal aventura de la ocupación militar de las islas en 1982.
    Ni el dictador Galtieri ni sus incubos Anaya y Costa Méndez se habrían atrevido siquiera a pensar en tamaña locura, si no fuera porque tenían conciencia del grado de condicionamiento psicológico del pueblo argentino, al cabo de décadas de lavado de cerebro masivo (y del que ellos mismos, seguramente fueron también victimas).
    Habría sido inexplicable, de otra manera, el entusiasmo futbolero con que la clase media y alta Argentina llenaron la plaza de Mayo para vociferar su delirio ante fatuo emulo del general Patton. Y, más aún, inimaginable la psicosis colectiva que se apoderó de los argentinos, el triunfalismo vesánico, el patrioterismo de la peor laya y, en fin, todos los comportamientos colectivos patológicos de que hicieron derroche los argentinos en esas inolvidables y abominables jornadas, en las que, al estilo de la plebe romana en el Coliseo, aullaban de alegría por la carbonización de soldados Ingleses o por el hundimiento de barcos “enemigos”. Así como aplaudían con inconsciente safismo el envío de adolescentes atontados de hambre y de frío, a una muerte despiadada en medio del barro y de la inmundicia. Quizá el único acto heroico en todo el repugnante episodio haya sido la rendición del general Menéndez y la consiguiente salvación de diez mil soldados.

    Conclusión

    Por todo lo antes expuesto, es claro que las Malvinas no son argentinas y que caer en semejante sentencia suena a fanatismo emotivo, a educación con orejeras. Y sobre todo, tiende a justificar la locura a la que nuestros beneméritos estrategas decidieron arrojarse.
    Sin embargo, la misma gente que se encoleriza frente a este enunciado, sabe que casi con seguridad las Malvinas jamás serán argentinas, pero no está dispuesta a decirlo públicamente.
    ¿Porqué? Porque intuye que el balance de costos y beneficios personales sería negativo, ya que nadie los premiaría por decir la verdad, mientras que existe una minoría activa que los castigaría, acusándolos de traidores, o quitándoles el voto si son políticos.
    Más aún, saben que enfrentan un típico dilema del prisionero: si ellos dicen la verdad, sus adversarios (también ellos convencidos de que las Malvinas jamás serán argentinas) se envolverán en la bandera, los acusarán de traición, y potenciarán los costos de haber dicho la verdad. Sus adversarios razonan de la misma manera frente a ellos, y tampoco ellos dicen la verdad. Por lo tanto, la política exterior argentina sigue persiguiendo una quimera.
    La mayoría de los Constituyentes de 1994 sabían que las Malvinas jamás serán argentinas, pero debido al dilema del prisionero que enfrentaban, sancionaron la Cláusula Transitoria Nº 1, que establece el mandato de intentar recuperar las islas para todo gobierno argentino. Gracias a ello, ahora todo estadista argentino que diga la verdad, viola la Constitución por decirla.
    Está demasiado fresco el recuerdo sobrecogedor de la catástrofe como para que echemos en saco roto la lección que de ella se deriva. Como igualmente vivido y cercano está todavía el peligro al que se nos expuso de ir a una guerra insensata contra Chile por unos peñascos perdidos en la inmensidad del mar. Actuemos entonces en consecuencia y lancemos una campaña de reeducación colectiva, para borrar de las mentes argentinas todo el conjunto de mentiras, de fantasías y de malas pasiones que se les ha inculcado durante tanto tiempo por los gobiernos totalitarios (y aun por los constitucionales, a su vez condicionados por la misma campaña).
    Sólo de esa manera podremos asegurarnos que no se repitan tan aventuras sangrientas en que nos comprometieron los autócratas y genocidas del pasado reciente. Las Malvinas no son argentinas, los pibes que murieron en ellas, sí.

    Bibliografía
    Menéndez, Romulo Felix, Las Conquistas Territoriales Argentinas, Ed. Circulo Militar, Argentina, Buenos Aires, 1982
    Escudé, C. La Argentina vs. Las Grandes Potencias, Ed. Sudamericana, Argentina, Buenos Aires, 1986

    • Pehúen Curá
      14/07/2017 at 12:15 AM

      Eatimada Carla, en parte estoy de acuerdo con tu nota, pero en otras no; primero no fueron “pibes” ERAN SOLDADOS DE LA PATRIA, los que vinieron como profesionales tenían la misma edad, pero con una diferencia, no sabían porque habían venido, los nuestros sabian porque luchaban. Que Menendez se rindió para salvar 10.000 almas, no es cierto, se rindión porque como dijo tu Jefe Espiritual Fidel Castro ¿Sirve para la pelea o no? pregunta que el Canciller Costa Mendez no supo responder, evidentemente NO SERVÍA, menciones aparte para Jofré y Parada los otros Generales que estaban en el frente de batalla. Los ingleses para el día de la rendición estaban SIN MUNICIONES Y EN PUERTO ARGENTINO HABÍA UN REGIMIENTO PERTRECHADO Y LISTO PARA ENTRAR EN COMBATE y LA GUERRA TERMINABA CON LA RENDICIÓN DE LOS INGLESES, pero como dije anteriormente Menendez tenía la orden de RENDIRSE, la jugarreta Inglesa salió a la perfección, por eso son amos del mundo. Saludos cordiales.

  8. Lic.Carla Fridman
    13/07/2017 at 9:39 PM

    Los mapuches, la “gente de la tierra”, son una de las naciones indígenas más añosas y sabias del continente americano. Los restos arqueológicos más antiguos de América, con una edad de más de 12,000 años, se encuentran en Monteverde, en pleno territorio mapuche.

    Los mapuches ocuparon durante miles de años extensas zonas a ambos lados de la cordillera andina de América del Sur. Si bien la mayor parte de su población se encontraba al oeste de los Andes (picunches, en el norte, lafquenches en el oeste, y huiliches en el sur), muchas comunidades tradicionales son oriundas de la propia cordillera (pehuenches) y del este de la cordillera (puelches), extendiéndose ampliamente sobre el actual territorio patagónico.

    La violenta invasión española del siglo XVI obligó a los picunches a retirarse al sur del Bío Bío, reduciendo considerablemente las tierras bajo control mapuche. Luego de numerosas batallas sangrientas contra legendarios toquis araucanos como Lautaro, Caupolicán, Pelantaro y Lientur, e incluso del ajusticiamiento del propio conquistador Pedro de Valdivia, los españoles se vieron obligados a aceptar la independencia de la nación mapuche, firmando varios tratados al efecto.

    A partir de ese momento se logró mantener una situación de relativa paz por varias décadas. Durante ese período los mapuches afianzaron el control sobre su territorio que en los siglos XVII y XVIII se extendió de mar a mar. Allí se conformó el país mapuche independiente, reconocido internacionalmente, la nación mapuche con costas sobre los océanos Atlántico y Pacífico. Esta situación se prolongó por más de doscientos años.

    A principios del siglo XIX y luego del debilitamiento del Imperio Español debido a la ocupación napoleónica, y a la consecuente derrota de los remanentes militares de España en América por parte de las elites hispano-criollas de las colonias, se abrieron las puertas para ignorar los antiguos tratados y emprender nuevas políticas agresivas contra la nación mapuche independiente.

    Los gobiernos de Santiago de Chile y Buenos Aires desencadenaron ofensivas militares para ocupar a sus vecinos nativos pero con éxito limitado, los mapuches continuaron defendiendo ferozmente su libertad y lo lograron exitosamente por varias décadas más.

    Cerca de fines del siglo se produciría la embestida belicosa que habría de terminar con la soberanía del pueblo de la tierra. A principios de la década de 1880 se desencadenó una invasión coordinada del país mapuche por parte de los ejércitos chileno y argentino bajo la jefatura de los generales Saavedra y Julio A. Rocca que lograría vencer la heroica resistencia, terminando con la ocupación militar de la última nación verdaderamente independiente del continente americano.

    Los mapuches invadidos fueron muertos, esclavizados, despojados de sus tierras tradicionales, hostigados en su cultura y costumbres y denegados en su derecho de libertad e independencia. Hoy los mapuches son extranjeros en su propio territorio. Continúan siendo avasallados por los estados criollos imperialistas de Chile y Argentina. A pesar de vivir en extrema indigencia en los barrios marginados de Santiago, Concepción, Temuco, Neuquén y Buenos Aires, donde a veces buscan mimetizarse para evitar la discriminación, empobrecidos en sus tierras demasiado pequeñas para practicar la agricultura ancestral, y sin poder enseñar su idioma, el mapudungún, a sus hijos, se mantienen organizados y resisten. Hay todavía 1 millón y medio de mapuches que aún conservan su identidad y la cultura.

    Cuando la República Argentina exige que le otorguen las islas llamadas Falkland o Malvinas basándose en un derecho de proximidad, o el Estado chileno reclama la Antártida en nombre de una pretensión análoga, deberían recordar que las tierras en que basan sus reclamos eran tierras mapuches internacionalmente reconocidas hace poco más de un siglo.

    Los mapuches, hoy despojados de su soberanía y de su tierra, tienen más derechos a estos territorios del sur que los estados criollos que las demandan amparados en su posición de fuerza política y militar.

    Los mapuches eran el pueblo nativo que en el siglo pasado ejercía su soberanía! sobre las tierras patagónicas frente a las islas Falkland o Malvinas, y, en base a esas credenciales, tienen mucha más autoridad que el gobierno argentino para reclamar las islas como propias.

    Sin perjuicios de los derechos tradicionales que le corresponden en los actuales territorios controlados por Chile y Argentina, proponemos que el territorio de las Falkland o Malvinas sea cedido por el Reino Unido a una federación de comunidades mapuches como forma muy limitada de compensar por los daños, ultrajes y perjuicios derivados de la invasión chilenoargentina del siglo pasado y las agresiones imperialistas europeas de los siglos XVI al XVIII.

    Cuando se habla de compensar a judíos por los desmanes que se ejercieron contra ellos durante el período nazi, o a palestinos por las tierras que les quitaron, o de compensar a los descendientes de los esclavos africanos, no es posible olvidar al pueblo mapuche que ha venido sufriendo atropellos y desconocimiento de sus derechos humanos por varios siglos.

    Los mapuches han habitado por cientos de generaciones territorios muy semejantes a las islas Falkland o Malvinas, con climas y ecosistemas parecidos, y serían capaces de explotarlos armónicamente, manteniendo su ancestral relación espiritual con la naturaleza del Sur, que fue quien los acunó y formó a lo largo de los tiempos.

    Los mapuches son grandes conocedores del mar, de las algas nutritivas, de los peces, de los mariscos, de las focas y aves marinas, son plantadores de papas y maíz, eximios pescadores, y por sobre todas las cosas, respetuosos participantes de un ambiente natural atávico y esencial, al que veneran en toda su inconmensurable profundidad espiritual.

    Las Malvinas o Falkland y sus poblaciones deberán ser rebautizadas en mapudungún, la convivencia con los habitantes actuales de origen inglés es posible. En sus tres o cuatro generaciones en las islas los kelpers han aprendido muchas cosas y junto con los mapuches podrían armar un país nuevo y viejo a la vez, trilingüe, aborigen y europeo, para crear un nuevo hogar de paz y reconocimiento para un pueblo despojado de su libertad que reclama la justicia que le ha sido negada por tanto tiempo.

    • Pehúen Curá
      14/07/2017 at 12:05 AM

      Carla, venias bien con la nota anterior, pero aquí chocastes la calesita; los Mapuches como etnia NO EXISTEN, SON PEHUENCHES, ARAUCANOS ORIGINARIOS DE CHILE, MAPUCHE ES LA LENGUA EN LA QUE HABLAN y fueron ellos los que exterminaron a los verdaderos habitantes del sur los TEHUELCHES, como a parte de Pampas en sus incursiones por el sur en grandes malones, donde arreaban ganado y destruian todos a su paso, llevando el ganado a Chile que canjeaban por armas a Inglaterra. Te doy un dato que podes corroborar, la sede de los falsos Mapuche esta en Bristol, Inglaterra y de los 12 miembros, SOLO UNO (1) ES DE LA ETNIA ARAUCANA (mal llamado mapuche) Saludos cordiales

  9. Jorge de San Miguel
    14/07/2017 at 11:24 AM

    No puedo defender ni atacar al Gral. Menéndez.
    No me corresponde: en primer lugar porque no soy militar, y creo que los encargados de juzgar a un militar deben ser los Tribunales Militares, tribunales que han sido convenientemente reemplazados por tribunales civiles, respecto de los cuales hay que deducir que han sido orquestados nada menos que por el enemigo, puesto que hoy esos “tribunales” mantienen presos a casi todos los que combatieron del lado argentino.
    En segundo lugar, el orden que imperaba y continúa imperando en el mundo no podía permitir la humillación de uno de los encargados de controlar o manejar nada menos que el arsenal atómico mundial, a manos de un país que no es socio del club de quienes detentan esas armas.
    En tercer lugar, en aquel momento circuló entre la población el rumor de que existía la posibilidad de que los ingleses usaran sus armas atómicas contra nuestro territorio.
    De hecho, el submarino que hundió al crucero Gral. Belgrano, Conqueror, creo que se llamaba, era a propulsión nuclear, lo que de paso digamos que contravenía acuerdos “internacionales”.

  10. Wolfgang
    14/07/2017 at 12:27 PM

    Diario de Guerra del Radar Malvinas

    http://www.radarmalvinas.com.ar/radar_malvinas.htm

  11. Wolfgang
    14/07/2017 at 12:40 PM

    Pilotos excepcionales.
    La Luftwaffe en el recuerdo.

  12. Wolfgang
    14/07/2017 at 12:43 PM

    Los Soldados nunca mueren…sólo se desvanecen

    Héroe Inolvidable

  13. Wolfgang
    14/07/2017 at 12:46 PM

    Triste realidad

  14. Wolfgang
    14/07/2017 at 12:49 PM

  15. Wolfgang
    14/07/2017 at 12:50 PM

  16. Wolfgang
    14/07/2017 at 1:05 PM
  17. Wolfgang
    14/07/2017 at 1:12 PM

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