Por Jorge Ingaramo.-

LOS PORTAFOLIOS… YA CAMBIARON

Macri dijo: “Conmigo no hay cepo”. Agregó: “¿Cómo la gente no va a comprar dólares, si el gobierno le miente siempre?” Evidentemente el candidato opositor tiene la culpa del cambio de portafolios, que se produjo en el último mes, curiosamente antes de que Mauricio hablara.

Más allá de la ironía, y sin pretender establecer el significado estricto de la palabra cambio, lo cierto es que los portafolios de los ahorristas se transformaron sustantivamente en el último mes. En los 30 días anteriores al cierre del 16 de julio, observamos que:

– El Dólar oficial aumentó 1%, mientras que los otros lo hicieron al 8,7; 7,3 y 7,4% (el blue, el contado con liqui y el Dólar bolsa). El Merval, una forma indirecta de comprar dólares, creció 9,9%. Los ADR argentinos en Nueva York tuvieron un desempeño rutilante: los bancos Francés, Macro y Grupo Galicia crecieron 13,8; 9,9 y 13,3%, respectivamente. Edenor, Pampa y TGS, lo hicieron al 16,0; 25,3 y 5,1%. No pudieron acompañarlos las acciones petroleras: tanto Tenaris como YPF, cayeron 6,3%, al compás del crudo.

– El riesgo país bajó 7,0% reflejando la mejora en la paridad de los Títulos públicos. El BONAR X 2017 subió 12,4% y el BONAR 2024 lo hizo al 11,9% (son Títulos en pesos, de Ley local). Los del canje, en dólares, con jurisdicción Nueva York, tuvieron mejoras del 14,5; 7,6 y 8,8%, para el PAR, el Discount y el Cupón PBI, respectivamente. Incluso el BODEN 2015, que se cancela en octubre, tuvo una suba del 7,8%, pese a que no se esperaba un recorrido alcista, ante la inminencia del momento en que los tenedores se harán con los billetes.

Está claro que hay un rechazo de los pesos, que puede responder a la “economía pre-electoral”. También a las peleas internas en el equipo económico, a los tiroteos en torno al contado con liqui o al llamado “efecto Zannini”.

Ahora bien, es difícil creer que un comprador de dólares en el paralelo, a $/U$S 14,22; con 55% de brecha, piense en que el próximo gobierno va a devaluar un 47,7% al Peso, que recibiría –de seguir todo como hasta ahora- a algo así como $/U$S 9,63 el día 10 de diciembre. Tamaña devaluación sólo sería compatible con un fracaso en la implementación de la nueva política del nuevo gobierno, ya que si este generara cierta confianza, el precio de la divisa difícilmente superaría los $/U$S 12; o sea una depreciación del 25% a partir del 10 de diciembre. ¿Se esperan cambios sustantivos, antes de la transferencia de la Banda y el Bastón?

LOS PORQUÉ DEL CAMBIO

Hay que dar por sentado que la continuidad no existe, por imposibilidad fáctica de sostener, por cinco meses más, los desequilibrios que padece la economía argentina, que se miden en un desbarajuste monetario y fiscal, un insoportable cepo -con una brecha altísima-, la inutilidad del ancla cambiaria y la consiguiente crisis del agro, las economías regionales y la industria, que se expresan en una recesión sin salida a la vista, dentro del marco de las actuales políticas.

Si uno mira los precios futuro Chicago y Rotterdam, de nuestras principales commodities exportables y toma en cuenta la ya inevitable recesión en Brasil, durante el bienio 2015-16 (que puede inducir a una crisis política de envergadura), está claro que, en genuinos y abundantes dólares comerciales, no se puede confiar.

Esto que se plantea para el futuro, ya rige en el presente: las declaraciones de CIARA-CEC, en lo que va del año, cayeron, al 10 de julio pasado, 17,4% y el gobierno, en lugar de devaluar la moneda, continuó apreciándola, profundizando claramente el desaliento a los principales sectores competitivos. Dicho de otra manera, la continuidad de la actual inserción comercial externa es totalmente imposible.

Ahora bien: ¿de dónde sacaron la liquidez los devaluacionistas y los especuladores? Se las dio el Banco Central, al financiar un desequilibrio presupuestario que no tiene control y que ya no puede apelar en las alegres emisiones de deuda por el Tesoro. Para colmo, el BCRA no puede seguir abasteciéndolo cuando soporte un endeudamiento en LEBACs por el equivalente al 65,2% de la Base Monetaria.

La demostración de lo planteado es bastante simple: en los 30 días de junio y los primeros 10 de julio, la Base Monetaria creció M$ 55.678. El sector público es el responsable del 62,2% de dicha expansión.

Para todo lo que va del año, la expansión de Base fue M$ 55.216 (hubo meses contractivos, a costa de deuda del BCRA), de los cuales un 98% corresponde a financiamiento del sector público.

La Ejecución Presupuestaria computada por la ASAP, muestra que:

– El Resultado Financiero para los primeros cinco meses de 2015 es negativo por M$ 70.761; cifra que supera en un 29,4% al Presupuesto vigente para todo el año 2015. Dicho resultado de Hacienda no considera las Transferencias del Central y la ANSES, entre otros, al Tesoro, por M$ 11.901. Con este agregado, se llega a un desequilibrio, bien medido, que equivale al 5% del PBI anualizado.

– Por su parte, si uno descuenta a los Ingresos Corrientes Totales, los que provienen de dichas transferencias, se llega a que el desequilibrio financiero ejecutado es del 17,8% de los Ingresos genuinos. Agregándole las Rentas de la Propiedad, alcanza al 21%; de donde se deduce que 1 de cada 5 pesos gastados no tiene respaldo genuino.

Quiere decir que el financiamiento del Tesoro con emisión de deuda cubrió una muy pequeña parte del desequilibrio. El grueso del mismo se terminó financiando con emisión.

El Informe del Central al 10 de julio, revela un crecimiento mensual de la Base Monetaria del 7,3%, un porcentaje muy similar a la evolución que tuvieron los dólares distintos al oficial. Los indicadores M1; M2 y M3 también subieron, en 30 días, el 6,2; 8,8 y 6%; respectivamente.

¿QUÉ PUEDE PASAR?

No se puede adivinar el resultado de las PASO, pero es posible que se haga cada vez más difícil, subir el techo de votos del candidato oficial, en medio de una dolarización de los portafolios y de una recesión inflacionaria, que no se atenuó ni siquiera con la percepción de los aumentos paritarios y el medio aguinaldo.

Se conoce de fuertes presiones por el equipo alternativo del oficialismo, para que la economía favorezca el triunfo de Scioli en primera vuelta. Más de uno recuerda lo que ocurrió cuando el candidato Angeloz tumbó al equipo económico del Presidente Alfonsín, porque no lo ayudaba en la carrera presidencial.

Muchas cosas pueden pasar, y más aún si la Presidenta se empeña en “ayudar” a su fórmula. Todas las lógicas posibles apuntan al cambio. Sin duda que las reglas de juego económicas no pueden continuar, aunque triunfe el candidato oficial en las PASO. El problema es cuándo vendrán los cambios, entendiendo por tales, los que no sean forzados por el mercado, ni estén motivados por la inminencia del arribo de Macri a la Casa Rosada. Nos estamos refiriendo a los indispensables cambios para asegurar triunfo oficial en la Primera Vuelta, que tienen que surgir del Gobierno. ¿Se puede hacer algo que lo beneficie a Scioli?

Muchos dirán que esto es imposible, ya que el oficialismo soportó duras derrotas, en provincias cuyas economías regionales están quebradas y aun así, persiste en una política agropecuaria absurda y, por supuesto, negativa para sus expectativas electorales (salvo que piensen, como dice cierta propaganda, que en Buenos Aires se decide todo).

Pensando en estos términos, los más de tres meses que faltan para 25 de octubre, se pueden volver una eternidad. Dicho de otra manera, los días del conflictuado equipo económico que procura la continuidad, están contados. Pueden verse interrumpidos por cualquiera de las siguientes tres causas: a) que la fórmula oficial lo exija; b) que la imposibilidad de ganar en primera vuelta lo imponga o c) que el mercado definitivamente destruya lo poco que queda del ancla cambiaria. A lo mejor, se registra una especie de conjunción de las tres razones. Por eso, obstinarse en la continuidad, es no reconocer la realidad que, como se dijo antes, ya produjo el cambio de portafolios consistente con las desesperadas políticas cambiaria, monetaria y fiscal del gobierno.

Finalmente, habría una cuarta razón para el cambio: que, en el supuesto caso del triunfo de la fórmula oficial, se le obligue al gobierno saliente a “comerse el costo” de efectuar los ajustes para que, después del 10 de diciembre, “escobita nueva, barra bien”.

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