Por Luis Alejandro Rizzi.-
Pasado el efecto “Tío Bessent”, el riesgo país otra vez está cerca de los 600 puntos, una sobretasa sobre el rendimiento de los bonos del tesoro de los EEUU.
Ese índice no sólo pondera el programa de gobierno, sino asimismo la calidad de la gestión.
Seis puntos equivalen a un aplazo.
El “Tío” salvó al gobierno de su propia implosión haciendo un excelente negocio financiero para los EEUU, según declaró nuevamente, cuando hizo el anuncio de un eventual nuevo rescate, si fuera necesario.
Es razonable pensar que no habrá inversión, salvo la “garantizada” por el RIGI, que lo sería por montos indispensables para continuar con el negocio.
Tanto en EEUU como en Europa, el gobierno hizo alarde de su gestión, pero olvidó que la platea se trata de gente informada que sabe distinguir la realidad del autoelogio.
Es común oír decir que el rumbo es el correcto, por cierto, con muchos “peros” y esos “peros” se refieren al costo del buen rumbo y sus consecuencias sociales.
En esa perspectiva, el rumbo parece de colisión o de una navegación a ciegas.
Milei no es garantía de certeza sino de incertidumbre, y “Toto” alias Caputo suena estilo “random”, que en el barrio se llamaría “timba”. Su plan depende del azar.
El pobre “anticristo” o el célebre “infierno”, podría ser un propio retrato en el propio escenario.
Lo que no podemos saber es cuántas puertas de emergencia tiene el gobierno y, en su caso, si son aptas.
A “la Karina” sólo le queda como medio electoral el contubernio, cuya segunda acepción dice: “alianza o liga vituperable”.
Hay gobernadores dispuestos a la inmolación en nombre del “rumbo…”
Lo único cierto es que el 65% quiere otra cosa.
Es muy posible que la gente de afuera mirando a ese segmento de la sociedad repita aquello de “¡Dios, qué buen vasallo, si oviese un buen señor!»
En sentido práctico, el anticristo podría ser Milei y el infierno la casa de gobierno, ¿o no?
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